lunes, julio 25, 2011

El beso del tiburón



En el año 2000 murieron 25 mujeres debido a la violencia doméstica y la violencia sexual, una cifra similar a la de los últimos años que supera el promedio de dos muertes mensuales. Este tipo de asesinatos, conocido como femicidios, constituyeron la mayoría de los homicidios de mujeres ocurridos en la década de los 90, -el 70% de aquellos en los que se conocen las circunstancias en las que ocurrieron-, igualando a la mortalidad materna y superando a la causada por el SIDA.

Fuente: INAMU

Aún en el 2011, la violencia hacia las mujeres es una realidad. Hay varios tipos de violencia. La más evidente, es la física. Pero también está la violencia psicológica. La indiferencia es un tipo de violencia.

Violencia es que no me paguen el salario mínimo. Violencia es que le paguen más a mi colega masculino. Violencia es que subestimen mi trabajo, que subestimen mi persona. Violencia es que tengás que servirle a tu marido la comida. Violencia es que seas su sirvienta. Violencia es que no te toque, que no te mire, que no te acaricie con sus besos y sus palabras. Violencia es que te desautorice frente a tus propios hijos. Violencia es que te grite, que te maltrate, que te golpee mientras estás embarazada o no. Pero violencia también es que no esté ahora que es cuando más lo necesitás.

El beso del tiburón se propuso hacer un teatro de denuncia, un reflejo de la realidad, de nuestra realidad nacional, de la realidad latinoamericana. Todavía se crían machos cabríos, sin conciencia de género. Sin embargo no todo es oscuro y sangriento. En Costa Rica, existen instituciones súper valiosas y concientes como el INAMU o el Instituto WEM. Este último le ayuda a los hombres a ser sensibles, a recapacitar sobre sus errores, a ser más solidarios, más despiertos, más amorosos. Yo enviaría con gusto a todos los hombres costarricenses. Esta institución lamentablemente no es muy conocida. Pero es una herramienta de concientización realmente valiosa.

Abogo porque esta obra de teatro gire en las comunidades urbanas y marginales, para procurar el despertar de muchos hombres y mujeres que desconocen que tratan y son tratadas con violencia. El teatro ha de tener una función social, y transmitir su mensaje a quienes más lo necesitan. En San José muchos y muchas ya sabemos, ya conocemos. Si nos alejamos un poquito, nos damos cuenta de cuánta hambre de sed y conocimiento existe.

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