lunes, febrero 28, 2011

De perros amores - Control Machete



"Olvidamos que para poder llegar al otro lado, hay que empezar derribando el primero de los muros".

viernes, febrero 25, 2011

El Cisne Negro (Black Swan)



Para los que hemos tocado fondo, enfrentarnos a nuestros miedos, a nuestras pasiones y a nuestro lado oscuro es un asunto cotidiano.

Pero verte reflejada en el espejo es otra cosa. Esta película logró tocarme las vísceras. No pude levantarme de la butaca de inmediato. Algo de mi quedó con el cisne negro.

Verte al espejo y no reconocerte no es asunto fácil. Tampoco perder el control de vos misma. Creo que el acto de morir en vida y reconstruirse a sí mismo constituye un milagro. Puedo entender por qué tantos suicidios. Hoy hablaba con mi mejor amigo que es posible que la mayor parte de la gente lo haya considerado alguna vez. El hecho es que no todos se atreven a hacerlo. Y no todos logran su objetivo.

Somos criaturas complejas. Más aún si nos condicionamos por nuestro entorno, y en consecuencia nos volvemos nuestros propios jueces. Tantas expectativas de todo y de todos, dan al traste con la sencillez de la Vida. Se pierde el disfrute de lo cotidiano, y se vuelve todo una carga pesada. ¿Quién nos hizo tragar el cuento de que se trataba de cargar una cruz? No, y mil veces no: las cosas son más simples de lo que las imaginamos. Es cuestión de ver un ave volar, un niño jugar, una flor existir.

Nos empeñamos en destruirnos, cuando podemos construirnos.

Natasha Atlas - Mon amie la rose

lunes, febrero 21, 2011

Siguiendo los puntos de las estrellas


Yo no era una adolescente común. Iba del colegio a la casa y de la casa al colegio. Con mis amigas me reunía a estudiar. Si acaso a comer. Mi papá me llevaba y me recogía.

Una noche cualquiera, un par de adolescentes del barrio decidieron apostar. Yo era el conejillo de Indias. Apostaron a sacarme de la casa, y quizás conquistarme. Uno probaría primero, y el otro después.

No hubo oportunidad para el segundo. El primero fue astuto. Empezó por ganarse a mi padre. Y les diré que esa es tarea difícil. Realmente. Averigüó que le gustaba la astronomía, y la estudió, o... ya se la sabía. El asunto es que llegaba por las noches a conversar sobre estrellas con mi padre mientras yo curioseaba por la ventana. Luego se atrevió a preguntarle si yo podía salir a hablar con él, y sí, señores y señoras, aceptó.

Así empezó a hablarme a mi de las estrellas. Y desde entonces sé muy bien dónde queda la constelación de Orión. Me daba sus poemas y estuvo presente en mi graduación del colegio. Mis compañeras no podían creer de dónde me había sacado un amigo tan guapo...

Al final del curso viajé con mi madre a Bolivia. Así es que nos dejamos de ver por cinco meses. Pero yo me llevé conmigo sus poemas, y el recuerdo de sus ojos verdes.

Al cabo de mi viaje, no ingresé a la Universidad inmediatamente, así es que me metí a un curso de mecanografía. Él pasaba por mi a la salida, y caminábamos desde San José centro hasta la California. Un día me cansé y planeé una estrategia. Le conté que en la pastoral juvenil le gustaba a varios chicos que no me interesaban, que a mi me gustaba sólo uno. Acto seguido abrí mi espejito y se lo mostré. El muy bruto no entendió: tuve que explicarle. Me dio un beso rápido y tímido, y nuestro autobús apareció.

Así es como mi primer beso fue en la parte trasera de un autobús, tratando de entender el lenguaje de dos lenguas con sabor a chicle de melocotón,enredándose entre sí.

Desde entonces venía al portón de mi casa, y todo lo que hacíamos era besarnos, mientras él intentaba rozarme los pechos con sus dedos ásperos. Arriba, en el cielo, nos espiaban las siete cabritas.

Llegó mi día de entrar a la Universidad, y aquel Universo nuevo de compañeros, pretiles, bares alrededor, clases y profesores tan diferentes a las monjas lívidas del colegio. Me quedó corto mi noviecito que no terminaba el bachillerato. Le terminé en uno de los parques de la U, mi favorito, en el que me ocultaría luego en todos sus rincones, como tantas parejas universitarias.

Los años pasaron, y se enfrentó a la ardua tarea de ser padre, no una sino dos veces y con diferentes mujeres. Tuvo la fortuna de encontrar por fin una buena mujer y se casó hace unos tres años casi. Entonces extendí mis alas de Isis y bailé en la fiesta de su boda. Libre como el viento...

jueves, febrero 17, 2011

Obsesivo-compulsivo


Era mi primer trabajo oficial. Recién estaba entrando a la Universidad, y ya tenía horario de trabajo en una tienda de revelado de fotografías. Ahí me la pasaba entre los clientes, el olor a químicos, y la sorpresa de ver una foto revelada.

Una tarde llegó él, con su uniforme de salonero y su sonrisa de galán, a sacar fotocopias de su cédula de identidad y otros documentos. Sus ojos color miel me miraron de arriba a abajo. Bastó para que a partir de ese momento empezara a hacerme visitas regulares a mi trabajo.

Me invitaba al food court, me regalaba peluches, me contaba sus historias y me invadía con su perfume. Era muy insistente, y yo realmente no quería nada con él. ¿Por qué entonces no le decía que no y ya? Creo que por falta de labia. Lo cierto es que un día me cansé y renuncié para no tener que soportar más su acoso. La administradora de la tienda me dijo que lo hubiera solucionado con contárselo a mi jefe, para que él no me buscara más. El caso es que yo había matriculado tantas materias en la U que ya no daba a vasto.

La historia no termina ahí, y es que fue capaz de ir a buscarme a la Universidad y de dar conmigo, aunque se equivocó de carrera, porque, aunque yo aspiraba a estudiar Psicología, estaba en Comunicación, dado que -afortunadamente- no pasé la prueba psicométrica. Se hizo amigo de una chica que ahora es psicóloga, y le contó su drama hasta que logró conmoverla y dar con mi alma.

Me buscaba después de clases. Yo no almorzaba escuchando sus requiebros amorosos. Llegaba a mi casa a las 4 de la tarde sin comer y empecé a padecer de sueño. Hasta de pie me quedaba dormida. Mis papás tuvieron que comprarme vitaminas porque no había forma de mantenerme despierta.

Pero por más dormida que estuviera, no me logró engañar con los poemas que me dedicaba, según él, de su autoría, pero originalmente escritos por Neruda y Benedetti. Tampoco caí en su trampa, hasta que, tras ocho meses de ruegos, un día decidí ceder y lo llamé a su casa -por entonces no habían celulares.

Iniciamos un idilio que duró poco más de un mes. Recuerdo que una vez nos echaron de un café, porque nuestros besos no eran precisamente los más decorosos, y casualmente las paredes dictaban que no se permitían escenas amorosas... Intensos sí éramos, y en todo el sentido de la palabra, aunque yo aún era virgen, y lo seguí siendo hasta que llegó mi siguiente novio.

Un día se le metió el agua - no hay otra forma de explicarlo-, decidió volver con su ex novia y literalmente me devolvió los peluches. Mi bolsa era pequeña. La suya era en cambio una bolsa extra grande de esas de basura. Hicimos el canje a través de un amigo en común y cada quien por su lado.

Años después me lo topé en una soda muy famosa de Paseo Colón, trabajando como salonero. Me pidió perdón mirándome a los ojos y de nuevo cada quien siguió su camino.

martes, febrero 15, 2011

lunes, febrero 14, 2011

Un amor imposible



Dicen que los artistas sentimos más, quizás por tener las emociones más a flor de piel, o porque de pronto encontramos que un crepúsculo puede ser una acuarela, o que aquel que pasó es digno de fotografiarse, o porque la música nos suena en las cuerdas del alma...

Anoche mientras elevaba mis abanicos de fuego a la Luna y me perdía en los acordes de la música, sentía y sabía que me movía el amor. Sólo por eso vale la pena...

Hace unos años intenté acercarlo a esa pasión por la danza que tenemos en común, aprendiendo a bailar al son del tango... Ibamos a compartir el escenario juntos. Era una forma de que hiciera algo de lo que pudiera sentirse orgulloso. Sin embargo, dimitió.

Si alguna vez he estado cerca de amar el alma de un ser humano, es ahora. Trasciende la piel, el tiempo, las experiencias, el hecho que no haya habido sexo, todo. Pero no es posible. Anoche le dije al oído: Ya que no puedo ser tu amor, voy a ser tu ángel guardián. -Siempre, me contestó.

Para gente que, como yo, cree en vidas pasadas y en que todo es energía, amores como este son posibles. - No nos tocaba en esta Vida, le dije con lágrimas en los ojos.

Si de algo estoy segura, es que lo que siento es definitivamente puro, y eso sólo puede ser bueno. Así es que no puede doler por mucho tiempo, como duele ahora. Tocará transformarlo, y transmutarlo, como una alquimista, con el tiempo.

Para vos, mi pequeño principito, una sonrisa, el Sol, la Luna, las estrellas, la felicidad infinita, una rosa, la búsqueda del equilibrio, un tango, un beso profundo, de esos en los que todo desaparece alrededor, mi mano reposando sobre la tuya, una caricia, dulce, y suave, y el deseo de que seas feliz, al lado de aquel que te ame.

viernes, febrero 11, 2011

La historia de un vampiro



De noche se veía aún más guapo. La piel blanca le brillaba a la luz de la Luna, y contrastaba con su jacket de cuero negra, y la columna de humo que salía de sus labios carnosos. Sus rizos negros le acariciaban la frente, y yo sus abdominales perfectos.

Me lo llevé a una disco y le bailé sobre un cubo, mientras él me acercaba el ventilador, ignorando que no sería suficiente... porque el calor no lo llevaba sobre la piel... Él me hizo sentir que un orgasmo múltiple era una ecuación posible, y que aún con ropa se podía hacer el amor.

Una noche que consumíamos nuestros pies entre la arena, besó los hielos de su trago y luego rozó con ellos mis muslos por debajo de la mesa. Sin saberlo, creo un monstruo.

Pero olvidó un detalle importante, y fue contarme que tenía novia. Error. Por ese entonces yo no me despegaba de mi cuchilla, así es que lo busqué para enfrentarlo: le hice el teatro y logré asustarlo. Logré convencer a un actor de que lo estaba amenazando.

Aquella fue una semana muy intensa. Con besos, lágrimas y sangre ficticia. Con olor a noche y sus brillantes ojos negros desnudándome las ganas. Con máscaras y desenmascaramientos. Con deseo y con despecho.

Años después, todavía cruzaba la acera cuando me topaba de frente.

Dicen que ahora es como un señor, gordo y con síntomas de alopecia...

miércoles, febrero 09, 2011

Con sabor garífuna


Aunque el Nuevo Tauritos era un bar con poca iluminación, pude ver sus ojos oscuros en medio de la gente.

Yo estaba con un par de amigas. Una de ellas era mi compañera de apartamento. Pero a ella le ganó la noche y se fue a acostar. Para su amiga y yo la noche apenas empezaba. A ella se le antojó más el sabor santiagueño del otro pelado, y acto seguido nos dispusimos a la caza.

No recuerdo detalles, pero sí recuerdo que los besos se antojaron de caminar bajo la noche y los cuatro hicimos el recorrido desde San Pedro hasta Curridabat. Luego nos despedimos. Y el idilio tuvo fin por ambas partes. En mi caso, me atraparon un par de ojos verdes cuya historia ya habrán leído...

Los meses pasaron, y por cosas del destino, nos volvimos a encontrar. Esta vez le aposté a su piel morena y a la música que producía con su son. La pasamos bien. Yo tomaba tres autobuses para llegar hasta su casa y sumergirme en la cueva de tres hombres que más que hombres eran artistas. Cada habitación era un universo de colores, pinturas y arañas. Él hacía de la cocina su propia obra de arte. He sido tan afortunada con los hombres que cocinan bien que ya se convirtió en un requisito.

Hay una imagen absurda que habita en los recuerdos que tengo con este garífuna, y fue una vez que, recién empezando a salir, me invitó a una fiesta en su casa. En una que va y otra que viene, me lo encontré de frente coqueteando con una nena. Ardí en rabia. Le dije: me quiero ir. Lo peor es que estaba muy lejos de mi casa y que no tenía dinero suficiente para tomar mi bolso y largarme. Lo llamé aparte y caminamos hacia un lote vacío cerca de su casa. Su perro nos siguió meneando la cola. Yo le di una cachetada con la palma bien abierta, y el cayó en cámara lenta en medio del montazal, donde su perro lo atajó lamiéndolo en la cara. Pero ni ensayándolo nos hubiera salido mejor.

Él no era feliz en Costa Rica. Yo venía saliendo de una depre y no estaba para entrar de nuevo en nostalgias ni en melancolías, así que le di fin a cuatro meses en los que bailé al ritmo de ese son.

Ahora es padre, y de dos hijos. Vive en su país y creo que es feliz, aunque la melancolía de sus ojos es parte de su propio paisaje. Es uno de los amigos de la Vida que tengo, y con quien puedo compartir un café mojado de conversación cada vez que viene a Tiquicia.

martes, febrero 08, 2011

Sed

Quiero beber un vaso de agua profunda...

domingo, febrero 06, 2011

viernes, febrero 04, 2011

Aquellos ojos verdes...

... me encandilaron cuando los vi por primera vez. Ambos tuvimos que contener el aliento. Él sonrió y me dijo: Hola. Y apenas si le pude contestar: Hola.

Él creyó que ya me conocía y me siguió hablando como si nada. Estaba todo bien hasta que mi ex empezó a husmear. Por suerte no estaba sola y una amiga me acompañaba. Al rato nos fuimos a comprar un helado. Él estaba en la parada del bus, muy oportunamente, así es que tomé la servilleta que rodeaba el cono y le escribí mi número de teléfono.

Nuestra primera cita fue para mudarme de casa. Tuve un conflicto con mis padres y me fui de la casa de mi abuela al apartamento de una amiga. Sólo estuve ahí un día, pues al día siguiente me mudaría donde viví con una amiga por cuatro meses. Así fue como nos conocimos.

Fantaseamos un poco, sí. Eran tiempos en los que me gustaba caminar con sandalias y amanecer abrazada a un cuerpo tibio (esto último no ha cambiado). Nos gustaba trepar a un árbol y jugar al hada y al duende. Yo le escribía mis poemas en trozos de papel y él los representaba. Fue el primero que me preguntó si quería ser su novia, y yo acepté.

También fue el primero que me propuso que viviéramos juntos a lo que yo respondí con una carcajada abierta.

Él conocía al chico de mi amiga, por lo que pronto nos convertimos en una familia feliz. Compartimos cocina, aventuras, y los vinitos gratis que ofrecían siempre en las inauguraciones de exposiciones de las galerías de arte. Entonces mi amiga y yo entrábamos a los baños, con sendos y grandes bolsos y nos robábamos el papel higiénico que buena falta nos hacía en el apartamento.

Mi corazón me dijo que aún pensaba en mi ex, y entre lágrimas tuve que aceptar que había logrado presentar ante un auditorio una obra dirigida y adaptada por mi, que había huido de casa, y que ni modo, se acababa una nueva relación. Él creía que lloraba sólo por él y nunca entendió que había otras cosas en mi cabeza que necesitaba liberar por medio de las lágrimas.

El tiempo pasó, y pudo hacer que nos convirtiéramos en amigos y que compartiéramos una que otra aventura nocturna en do mayor.

miércoles, febrero 02, 2011

180 º

Acababa de terminar una relación de cinco años... hasta que una noche decidí dejarlo ir y me fui de fiesta. Ya no recuerdo cómo nos volvimos a ver. La cosa es que quedamos de salir, y yo ya estaba lista.

Lo conocía desde niño, pero el niño ya había crecido y tenía una piel color aceitunada, era alto, delgado, y los lentes le daban un aire interesante...

El tequila, el limón y la sal, sólo fueron una excusa... Quien diga que los besos ácidos no saben como los dulces es porque aún no los ha probado.

Salir con él fue muy diferente... y refrescante. Cambiar de aires me hizo bien. Pero una escena de celos de mi ex casi llevó al traste esta nueva relación. Afortunadamente logré calmarle los humos: una tarde mi ex me siguió desde la U hasta mi casa, y mientras hablábamos llegó este chico, y claro, se dio para confusiones.

Él me gustaba mucho, sin embargo en ese tiempo era un tanto superficial y engreído (por no decir totalmente) y no soy de las que se callan las cosas. Sin embargo no había nada que hacer si él no quería interiorizar y hacer algo al respecto.

Un día desapareció. Lo malo fue que a ese día le siguió otro... y otro. Su madre me llamó desesperada preguntándome si sabía dónde estaba. Y yo estaba igual, sin saber nada. Cuando al individuo se le ocurrió aparecer en mi casa, lo mandé a volar. ¿Qué se creía? Se había pegado un fiestón de días y noches sin dar señales de Vida. A otra con cuentos.

Con el tiempo me lo volví a topar. Había cambiado de carrera y ahora era compañero de la U de mi mejor amigo. Nada ocurrió, sino hasta años después, cuando me invitó a hacer un paseo. Yo esperaba que fuéramos solos, pero llevó a un amigo. Durante el trayecto eligió el tema de conversación equivocado: religión. Empezó a hablarme de Dios desde una perspectiva cajonera, es decir desde una religión. Resultó que ahora era testigo de Jehová, e intentaba evangelizarme. Se topó con una pared. Mis creencias son mucho más amplias. Para mi Dios no tiene género, el cielo y el infierno pueden estar en la tierra, creo en la reencarnación y en que todo y todos somos energía. Nuestro acompañante sólo escuchaba: no había oportunidad de intervenir en medio de ese pin-pong.

En fin, una vez que llegamos a nuestro destino, cambiamos las ruedas de su auto por las de tres bicicletas y el paisaje bajó los humos. Almorzamos riquísimo y nos dispusimos a regresar.

Cuando llegamos a mi casa, se disculpó por su desaparición años atrás. A mi me tentó besarlo, pero el asunto religioso me detuvo y me contuvo. Luego me llamó por teléfono y me confesó que aún le gustaba. A mi también, le dije, pero definitivamente estamos en frecuencias distintas. Y acto seguido, volvió a desaparecer.