viernes, febrero 04, 2011

Aquellos ojos verdes...

... me encandilaron cuando los vi por primera vez. Ambos tuvimos que contener el aliento. Él sonrió y me dijo: Hola. Y apenas si le pude contestar: Hola.

Él creyó que ya me conocía y me siguió hablando como si nada. Estaba todo bien hasta que mi ex empezó a husmear. Por suerte no estaba sola y una amiga me acompañaba. Al rato nos fuimos a comprar un helado. Él estaba en la parada del bus, muy oportunamente, así es que tomé la servilleta que rodeaba el cono y le escribí mi número de teléfono.

Nuestra primera cita fue para mudarme de casa. Tuve un conflicto con mis padres y me fui de la casa de mi abuela al apartamento de una amiga. Sólo estuve ahí un día, pues al día siguiente me mudaría donde viví con una amiga por cuatro meses. Así fue como nos conocimos.

Fantaseamos un poco, sí. Eran tiempos en los que me gustaba caminar con sandalias y amanecer abrazada a un cuerpo tibio (esto último no ha cambiado). Nos gustaba trepar a un árbol y jugar al hada y al duende. Yo le escribía mis poemas en trozos de papel y él los representaba. Fue el primero que me preguntó si quería ser su novia, y yo acepté.

También fue el primero que me propuso que viviéramos juntos a lo que yo respondí con una carcajada abierta.

Él conocía al chico de mi amiga, por lo que pronto nos convertimos en una familia feliz. Compartimos cocina, aventuras, y los vinitos gratis que ofrecían siempre en las inauguraciones de exposiciones de las galerías de arte. Entonces mi amiga y yo entrábamos a los baños, con sendos y grandes bolsos y nos robábamos el papel higiénico que buena falta nos hacía en el apartamento.

Mi corazón me dijo que aún pensaba en mi ex, y entre lágrimas tuve que aceptar que había logrado presentar ante un auditorio una obra dirigida y adaptada por mi, que había huido de casa, y que ni modo, se acababa una nueva relación. Él creía que lloraba sólo por él y nunca entendió que había otras cosas en mi cabeza que necesitaba liberar por medio de las lágrimas.

El tiempo pasó, y pudo hacer que nos convirtiéramos en amigos y que compartiéramos una que otra aventura nocturna en do mayor.

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