lunes, mayo 30, 2016

Llueve



Llueve, sobre las cenizas,
sobre la ropa recién lavada, 
sobre los zapatos rotos 
y los pies descalzos.

Llueve sobre los charcos,
sobre las flores y las frutas maduras,
sobre los ríos y sobre el Mar,
sobre los calles pavimentadas
y sobre las calles de lastre.

Llueve sobre este corazón,
que se abrió nuevamente para amarte,
y se descubrió capaz de sanar.

jueves, mayo 26, 2016

Renacer


Para los que morimos y volvemos a nacer,
para los que logramos ver la Luz en la Oscuridad,
para los que permanecemos suspendidos en un paréntesis de tiempo,
para quienes volvimos a parpadear.

Para quienes estuvimos dormidos,
para quienes pensamos que no habría un mañana, 
para quienes nos volvimos a levantar,
para quienes creímos que la caída no tendría un final.

Para quienes nos pasó por encima la realidad,
para quienes prescindimos de ella,
para quienes dejamos de bailar... incluso de respirar,
para quienes dejamos de creer...

es posible renacer,
una y otra vez, 
o cuantas veces se lo permitan.

jueves, mayo 12, 2016

En el inicio de los tiempos


"En el inicio de los tiempos"
Fotografía: Sergio Cantillo Malavassi

Vagábamos desnudos, libres, conectados al agua que dio a luz el primer ser vivo.

Dormíamos juntos, con las estrellas cobijando nuestros sueños.

Nos alimentábamos de boca en boca, cuando los besos no eran más que un instinto de supervivencia, 
y no por eso dejaba de ser un acto de Amor.

Nos hacíamos el Amor con el asombro que teníamos de cada planta, fruto o animal que nacía.

Éramos niños, descubriendo, descubriéndonos, libres de ropas, de prejuicios, de civilización, de 
tecnología.

Siempre tuvimos alma, espíritu, corazón y cerebro, aunque no fuéramos capaces de racionalizarlos.

No era necesario.

Vivíamos en armonía con la Madre Tierra, la misma que nos parió.

Paríamos sin miedo, y la Madre Tierra recibía a sus nietos y nietas, con los brazos abiertos,

como frondosas ramas de árboles.

Creíamos en la Magia, y la Magia nos permitía comunicarnos.

Conocíamos el lenguaje de los animales, de las plantas y de los árboles, y ellos conocían el nuestro, 
porque era el mismo.

Escuchábamos lo que nos dictaba el instinto, sin ningún cuestionamiento, porque todas las respuestas
a todas las preguntas, habitaban dentro.

Ahora añoramos volver al origen, porque la paz habitaba ese paraíso, que estaba en el silencio de 
nuestro ser.