miércoles, octubre 22, 2014

36

A tres días de mi cumpleaños número 36, me siento una mujer más segura, más empoderada de mí misma, definitivamente más fuerte y con más agallas para enfrentar lo que venga. Y todo esto se lo debo definitivamente a mi pequeña maestra. No soy la misma mujer desde que soy mamá, y sé que la aventura apenas empieza, pero también estoy consciente de que he vivido un proceso de transformación increíble.

Me dejó de importar lo que diga y piense la gente de mi, que de todas formas ya lo cantaba a gritos cuando tenía 15. Por primera vez puedo llamarme productora audiovisual sin que se refiera sólo al título. Estoy trabajando en tener un título que dejé pendiente hace años, por miedo de enfrentarlo, y también por esa mala palabra que no existe en mi vocabulario que se llama pereza. Estoy enfocada en lo realmente importante, y me siento orgullosa de ello.

He estado tan enamorada de mi beba y de mí misma, que se me olvidó un poco lo que era amar a alguien más, incluso desear a alguien más. Creo que estoy atravesando el umbral del fin de lo que Laura Guthman llamaría "el encuentro con mi propia sombra", que no es otra cosa que la etapa postparto, que yo más bien le llamaría el proceso postparto. Sí, dura aproximadamente unos dos años y medio, y no tres meses que es cuando la mayoría de las mujeres de mi país tienen que volver a trabajar. 

Las ideas fluyen, y cuento con la bendición con que no se topan con pared alguna. Tengo la certeza de que TODO ES POSIBLE, y no porque me lo dijeran en El Secreto, o en Metafísica 2 x 1, sino porque lo vivo diariamente. La misma Conny Méndez lo dice en su libro: compruébelo por usted mismo.

Tengo unas ganas enormes de reencontrarme con la mujer que fui, aunque estoy consciente de que es desde otro plano. Quiero bailar, quiero sentirme hermosa, quiero sentirme bien... Y volveré al tango, como él ha vuelto a mi. Y seguiré bailando la danza sagrada hasta el fin de mis días, y le enseñaré a mi hija sus primeros pasos.

Quiero reconectarme con mis raíces, porque la sangre me jala, porque han pasado 12 años ya: demasiado tiempo. Alguna misión tengo por allá que tendré que cumplir, aunque sólo se trate de un reencuentro.

Trabajaré por tener mi propia casa, y mi propio carro. Por darle a mi hija un techo digno, un hogar donde reinen la paz y el amor. Nos merecemos lo mejor, y no menos que eso. 

Doy gracias por todas las bendiciones que he recibido en mi último año de Vida, así como por las pruebas, las enfermedades, la separación de mi madre, aunque duela, las personas que he conocido, las que se han apartado de mi camino, los atardeceres, el beso eterno con el Mar, las amigas del alma, las niñas hermosas y los niños hermosos con los que hemos jugado Ámbar y yo, y sus madres y sus padres, la escasez y la abundancia, la comida deliciosa, las miradas cómplices, la Luna siempre observante e influyente, y sobre todo por la Vida, y cada respiro. Y por ver la belleza de mi beba dormida a mi lado. No podría ser más dichosa. Namasté.



domingo, octubre 19, 2014

La Muerte como una semilla

El lunes fui a un funeral. En el camino me enteré de que íbamos a un templo cristiano protestante. Sí, de esos en los que el pastor alza la voz, y junto a sus hermanos (pues todos lo son), alzan su mano derecha y gritan: ¡ALELUYA! Uno a uno pasaron los hermanos a dar el testimonio de una señora mayor que al parecer se caracterizó por su fé y perseverancia. Además hubo cantos. Uno de los nietos de la señora tenía una voz maravillosa... La nieta... pues... pensé que debería tomar clases con su primo. Hasta ahí todo "normal".

Lo que realmente me llamó la atención, fue cuando, antes de invitarnos a pasar al cementerio, el pastor dijo: no vamos a sepultarla, vamos a sembrar una semilla. Entonces levanté la cabeza, y volví a ver a mi compañera de al lado pestañeando dos veces. Él continuó su discurso: "...la semilla que va a dar fruto en el Paraíso".

- Interesante concepto, le dije a mi compañera. Yo creo en la reencarnación.
- Yo también, me respondió.

Evidentemente todas las religiones coinciden en la esencia y luego se separan en las ramas. O, retomando la metáfora, en la semilla, en las raíces. Para mi (y para otros que piensan como yo), todo es energía. Todo cambia, todo se transforma. Me interesa el saber cómo las religiones tratan de explicar (y esto a través de la fé), cómo la Muerte es sólo un paso, un cambio, una transformación. No todo acaba ahí. ¿Quién es capaz de comprobarlo? Nadie. No hay base científica. Yo creo en la Metafísica. El pastor en cuestión y sus respectivos hermanos, en el Paraíso. ¿Pero qué pasa con quien no cree? Le tocará comprobarlo por sí mismo. Tal como nosotros, "los creyentes".




domingo, octubre 12, 2014

La escena

- En mis 26 años de carrera no había visto nada igual. Tiene que venir por ella. Según el protocolo de la institución, no puede venir a clases hasta que esté completamente recuperada. ¡Puede contagiar a los otros niños!
- (Tragando saliva) La entiendo, pero póngase en mi lugar. Tengo que ir a trabajar, ya he faltado varios días..
- Póngase usted en mi lugar, yo tengo que velar por los otros niños y por el prestigio de la institución.
- Pero estoy sola, entiéndame. Necesito trabajar para poder pagarle a usted. ¡No me queda de otra!

Mientras caminaba por la calle con el teléfono, en la acera del frente, por esas cosas del destino, se cruzó con él, en el preciso momento en el que dijo "estoy sola". Sus miradas se congelaron por unos segundos. Ella alcanzó a pensar: la Vida es irónica, y siguió negociando con la Directora, sin dejar de caminar.

Él siguió su camino, en dirección al teatro. Y se inspiró en esa escena para la obra que estaban montando.


jueves, octubre 02, 2014

Perlas a los cerdos

Ella se estaba poniendo seca. Cumplía tres años sin ser tocada, sin sentir la explosión de un orgasmo de a dos. Había pasado por todas las etapas: indiferencia, odio, rechazo, deseos incontrolables, luego resignación y de nuevo deseos incontrolables.

Un día se cansó, justo antes de estar dispuesta a pagar por sexo. Lo vio en la calle. Joven, muy joven, con la piel tersa, los ojos achinados y el cabello negro. Le gustó el uniforme. Era un cliché y no le importaba. 

Él le pidió el número. Ella se lo dio y así empezaron a chatear. Primero pretextos, luego insinuaciones. Luego las conversaciones eran más interesantes y más intensas. "Interesantes", no es la palabra. Su escaso vocabulario y su pésima ortografía la ponían de mal humor. Además, tenía que explicarle las cosas más de dos veces, porque él no entendía. NO hablaban el mismo español. Y no porque fuera extranjero. ¡Qué le quedaba! No más que hacerse de la vista gorda. Total, se trataba de un polvo. Empezaron a intercambiar fotos y videos sexuales. Fijaron una cita. Ella reservó en un hotel boutique. Estaba segura de que él jamás había estado ahí. Antes irían a cenar y a tomar algo. Habían hablado tanto de esa noche..., y se habían masturbado juntos pensando en esa noche. 

Cuando finalmente llegó la hora y la fecha fijadas, ella se detuvo en la entrada del restaurante. Se devolvió sobre sus pasos, pero antes de regresar a casa, se detuvo en un sex shop para comprar un consolador... por si pasaban tres años más. Consolador. C - o - n - s - o - l - a - d - o - r . Consolador.