jueves, septiembre 29, 2005

A veces pienso...

... que el tiempo se me va muy rápido y estoy dejando a un lado proyectos que siempre he querido hacer. ¿No les pasa?

A mí me da rabia conmigo misma eso de dormirme en mis laureles. ¡Los laureles apestan!

miércoles, septiembre 28, 2005

Asalto no. 2

Anoche fui con mi madre a una fiesta. Mi amiga Andrea y su mamá también llegaron a la fiesta. No era precisamente una fiesta de disfraces, pero había una mujer que lucía un turbante y una máscara. Los presentes le pedimos que se quitara la máscara. Tras insistirle, finalmente accedió, y empezó a quitarse la máscara. Y para mi sorpresa (aunque lo presentí en el fondo), tenía otra máscara detrás de esa, horrible, una especie de burro y demonio. Y así continuó quitándose una máscara tras otra, hasta que pudimos ver su verdadero rostro. Ella estaba asustada, pues había ocultado su cara durante mucho tiempo por supuestas cicatrices de quemaduras. La motivamos a que se levantara y se viera en el espejo que cubría una de las paredes de la sala, a sus espaldas. Se sorprendió al ver que su rostro era bello, sin una sola cicatriz. Y lentamente se desprendió el turbante... No podía creerlo. Pero no era más que su auto-reconocimiento. Curiosamente, la mujer era mucho más joven de lo que esperábamos, y... se parecía a mi. Pero ya era suficientemente impactante el hecho de que ocultara algo que no tenía por qué ocultar, ¿o que se recuperara así de las cicatrices?

Acabó la fiesta. Pero la joven seguía viviendo sola... con su madre... que la había sometido a vivir oculta, que había atribuido su belleza a la genética, y no a su hija, que la relegaba a dormir en un rincón en las peores condiciones... hasta que ese día la madre por descuido dejó caer su billetera. Y la chica, ni lenta ni perezosa, la tomó, y espero a que su madre subiera las escaleras para salir corriendo a la calle y tomar el primer transporte que pasara por allí. "Allí" era un pueblo, en el que no pasaría el autobús, pero si una oportuna carreta que la sacó de su infierno para siempre.

La joven no tardó en conseguir trabajo, ni mucho menos en hacer pruebas para hacer realidad su sueño: ser bailarina. Y ahí estaba, con sus zapatillas de ballet, haciendo ejercicios de calentamiento para la clase del día... cuando mi día decidió comenzar, y mis ojos, abrirse.

viernes, septiembre 23, 2005

Cuando avanza la noche...

... y la música sube de volumen... Cuando las miradas son más sugestivas, y ya de por sí hace calor... El roce de cuerpos no es casual, ni casuales los sugestivos movimientos que siguen los ritmos bajos de esa pieza... Mucho menos cuando el alcohol empieza a distribuirse uniformemente por tus venas... u otros efectos te hacen sentir más, saborear más, oler más, oír más... El calor de la hoguera en la playa, la brisa del mar refrescándote... o esa bebida fría e imprescindible en una disco del centro de San José... Un travesti me abre la boca y me da de beber el trago de la casa, invitándome: "toma, mami". De pronto me olvido de dónde estoy, y me subo a la barra a bailar junto a los bailarines del bar, de todas formas en ése país nadie me conoce... Doy una vuelta y estoy sobre una tarima en la disco de ése hotel de playa, vestida de negro y brillantes, soy una pieza del Carnaval, mientras mi madre está sentada mirándome, con el antifaz que hice por la mañana... Necesito refrescarme, y un vampiro me roza el cuello con los hielos de su trago. Antes de ser mordida por sus labios me lanzo de nuevo a la pista y bailo frente al ventilador. Jamás olvidaré esa mirada... La visión se borra cuando siento la cerveza fría resbalar por mi cuello, y un eco de voces que gritan: "¡juego, jueeegooo!". Y ahí estamos los 4, bailando al ritmo de Mr. Dj, o mejor aún , a nuestro propio ritmo. En unos minutos somos el centro de atención. Tres hombres y una chica, dándose de beber cerveza, de boca en boca, de cuello en cuello...nada se puede desperdiciar... ni las vueltas que doy en el aire bien sujeta a su tórax y cuello. Es la una de la mañana del primer día del año y caen flores de papel sobre nosotros... nos toman una fotografía mientras nos besamos: podría no ser, pero es, lo fue, cómo cada momento de éstas mis noches.

Image hosted by Photobucket.com

jueves, septiembre 22, 2005

10:15 am

Hay un momento en el que indiscutiblemente, aunque el reloj siga su curso, ni el tiempo ni el espacio existen.

Ese preciso momento en el que sabes que te toca levantarte e iniciar la jornada.

Y si cuesta despegarse de las cobijas, es aún más difícil desprenderte de la piel de ése que amas, y que tiene aún los párpados cerrados...

Image hosted by Photobucket.com

martes, septiembre 20, 2005

Con las venas abiertas

Nadie es quien verdaderamente es. Es natural, intentamos protegernos. Tras cada caída, algo queda, no solo el golpe. El golpe hace mella. No olvidamos. Afortunadamente, de cierta forma.

Lo que sucede es que al cerrar unas puertas, negamos el paso a todo y a todos.

Hay que darse una oportunidad. No todo es negro: ni blanco. Toca correr riesgos si se quiere aprender. Aún reaprender. Que ninguna experiencia se parece a otra.


"La Vida es como la espuma. Hay que darse como el mar." (Tomado de la película Y tu mamá también).

Image hosted by Photobucket.com

viernes, septiembre 16, 2005

Mutantes

Cuando nacemos tenemos las cosas más claras de lo que el resto de la especie humana alcanzaría a imaginar. Luego se dedican a meternos tanta basura en la cabeza que cuando llegamos a tener conciencia de que lo mejor que podemos hacer es desaprender, es un poco tarde. Difícil desprenderse de todo eso. Muchos lo arrastran a lo largo de sus vidas. Otros ni se percatan.

Lo cierto es que mientras llevamos a cabo la tarea de desaprendizaje, el camino no está despejado. Por el contrario, se sobrevienen otras experiencias que debemos enfrentar, asimilar y digerir. Si es que sobrevivimos en el intento (porque hay muertes dentro de la Vida).

¿Al final qué somos? ¿Quiénes somos realmente?

Jamás podemos ser los mismos. En un segundo todo puede cambiar.

Pero hay algo que se conserva. Algo. Siquiera.

jueves, septiembre 15, 2005

Una pregunta

En un día como hoy cabe preguntarse:

¿Qué tan independientes seremos como nación una vez que se apruebe el dichoso Tratado de Libre Comercio?

martes, septiembre 13, 2005

Reflexiones sobre la Independencia...

Hace unos días estaba de compras en el Más por Menos, y, aunque no tenía mucho dinero, tuve la intención de comprar un adorno alusivo al 15 de setiembre para ponerlo en mi puerta. Pensé que se vería bonito. Luego pensé: "un momento, ¿qué es lo que estamos celebrando?".

No creo que seamos realmente INDEPENDIENTES. Se ha discutido mucho acerca de nuestra identidad nacional. Y no está de más.

Desde antes de la época precolombina hemos sido un lugar de paso. Somos interculturales por naturaleza. Y eso está bien. Enriquece nuestra cultura: lástima que seamos tan xenofóbicos, y no sepamos valorarlo.

Lo difícil para mí es saber cómo nuestras cabecitas están llenas de ilusiones del Norte del continente, ser como ellos, parecernos a ellos, tener las cosas que tienen: esas casas, esos lujos, esa forma de comer rápidamente, esos "maravillosos" estilos de vida.

Yo trabajé en un hotel de playa durante siete meses y tuve la oportunidad de conocerlos más de cerca. Y créanme que no todos son felices. Trabajan duramente, por no decir como esclavos a lo largo de un año, para tener una semana libre de vacaciones en un hotel cinco estrellas de un país del Trópico. Y, ciertamente tienen mucho dinero para derrochar, pero no la paz para disfrutarlo. Están tan estressados, que no son capaces de disfrutar de un atardecer frente a la playa. Se emborrachan hasta el cansancio, y estoy segura de que no les da tiempo de recuperarse de la goma, antes de regresar a sus trabajos. Se separan de sus hijos con quienes no han tenido la oportunidad de compartir a lo largo del año, para dejarlos a cargo de personas que no conocen. Se irritan fácilmente...

Una tarjeta de crédito Gold no compra nuestra felicidad.

Ni el querer parecerse a otros nos hace libres.

lunes, septiembre 12, 2005

¡La hija de su madre...pereza!

La noche del viernes anterior fui a ver a una amiga de Conchal al Hotel Palma Real, de la cadena Barceló. Ella canta allí los viernes y miércoles por la noche. Tiene un pequeño que está a punto de cumplir su primer año, está separada de su esposo y está estudiando secretariado bilingüe en el INA.

Así como ella, tengo otras amigas de mi infancia que están separadas o incluso viudas siendo tan jóvenes, tienen un(a) pequeño (a), trabajan, estudian, y por única ayuda tienen su propia fuerza de voluntad. Y ahí están, no miran hacia atrás, no tienen tiempo para pensar en su cansancio y mucho menos en sentir pereza.

Ellas y otras mujeres son un ejemplo para cuando sintamos pereza de estudiar o trabajar. A ver si se nos mueve el piso y sentimos algo de vergüenza.

Y no se trata de pensar: "bueno, yo no tengo hijos", sino de darnos cuenta que mientras estamos sentados frente al televisor, la Vida nos está esperando afuera.

sábado, septiembre 10, 2005

Asalto no. 1

Anoche estábamos conversando en el balcón-azotea de la U, la vista era genial: empezaba a oscurecer. Habían varios estudiantes, pero no tenía importancia. Conversábamos: de cualquier cosa, tampoco tenía importancia... De pronto nos besamos. No me lo esperaba, pero sí lo deseaba, así es que se dió y punto: fue muy breve, pero delicioso.

Tenía una invitación pendiente en la casa de mi familia, así es que decidí invitarlo a él. Una vez en la sala de la casa, mi hermana no me hizo buena cara... Lo miraban de arriba a abajo con una expresión que rayaba en el asco...(son exagerados). Por supuesto me preguntó en secreto si él era mi novio. Y con una sonrisa le dije que no... De eso se trataba esa cena, pero en fin, decidí darle un giro a la historia.

Quise hacerle un tour por la casa, que, dicho sea de paso, no es nada común: tiene varias habitaciones que más que cuadradas, son redondas, las paredes tienen una textura muy particular, casi se parecen a la estructura exterior de la fachada del Mall San Pedro. Hay muchas escaleras de caracol que unen unas habitaciones con otras. Una azotea, por supuesto, con piscina y toda la cosa. Es justo donde estamos en este momento, tratando de huir de mis parientes para volver a repetir ese beso.

Pero como siempre, lo echan todo a perder, aquí están subiendo las escaleras de caracol que conducen a la azotea. Pero, lo siento por ellos: yo me conozco muy bien esta casa. Así es que lo tomo de la mano y bajamos corriendo las escaleras que están a la izquierda. ¡Ahora sí!

Claro, que olvidé mencionar que esas escaleras conducen a la cocina de la casa, donde hay cocineros, ayudantes, y por supuesto: saloneros... ¡sí! Los del servicio. Ellos están en lo suyo, pero justo es privacidad lo que necesitamos en ese momento, así es que seguimos corriendo escaleras abajo: ¡imposible! Cada vez que nos detenemos e intentamos acercarnos, aparecen un par de saloneros, ¡es ridículo! Así es que nos sentamos a reírnos de nosotros mismos: ¡que nos queda!

¡Sólo que suene el despertador, marcando las 5:00 a.m.!

viernes, septiembre 09, 2005

...y a toda vela!

¡Hola!

Finalmente la curiosidad mató al gato y abrí mi blog... (lo que hace una en horas de trabajo). Son las 12:38 pm de una tarde un tanto oscura que tan sólo hace unos minutos estaba soleada y calurosa hasta la asfixia. Es más, ya está lloviendo... En fin, eso es lo que sucede allá afuera...

Acá dentro hace un tanto de frío, pero eso será hasta que apague el aire acondicionado, que no sé a vos, pero por lo menos a mí me da alergia. Está sonando Eternidad de La Ley, y no precisamente porque yo la haya escogido, pero no me disgusta del todo..., es más, en la época en la que esa canción salió al mercado, yo solía ir a sus conciertos...pero esa es otra época.

Ahora está sonando el teléfono ¡otra vez!: cuando trabajo por las noches no llaman tanto... ¿será porque a esa hora todos ven televisión por cable? Yo ya no tengo televisión por cable: la dueña de los apartamentos me dijo que si quería tenerlo, debía pagarlo... durante estos siete meses, por gracia de Alá, o del inquilino anterior, había visto televisón por cable...¡gratis! Pero desde que se dio cuenta, no me queda más que hacer otro tipo de actividades por las noches... como trabajar, y llegar a mi apartamento para acostarme a dormir.

En fin, también puedo recibir algún asalto nocturno que me sorprenda alguna noche...pero esa es otra historia.