viernes, enero 28, 2011

Vi las estrellas

Él se llamaba Lyron. Era israelí. Lo conocí en una de las tantas fiestas en Tamarindo. Me gustó tanto a mi como a mi amigo, pero yo fui la afortunada.

Era lindo, tenía unos ojos verdes de esos que encandilan, y sí, también era sexy. Besaba mmmuuy bien, y era muy divertido conversar con él en el único idioma que podíamos comunicarnos: en inglés. Él se reía de mi acento y yo le pedía que me hablara en hebreo.

Él estaba acampando en Tamarindo, y decidí ponerlo a prueba. ¿Quería verme? Que llegara por sus propios medios a Brasilito... Y lo hizo.

Todo era perfecto. La playa, el Mar con su ir y venir, y una noche estrellada. Hasta que llegó el momento clave... y me sentí como Amélie en la escena en la que se está cogiendo un tipo y sólo ve a la cámara con cara de ¿a qué horas va a terminar esto? Afortunadamente yo tenía ante mis ojos una bóveda de estrellas, que bien, bien podía ponerme a contar...

Nunca más lo volví a ver. Pero si algo aprendí de esta, es que no todo lo que brilla... sabe usar el oro que tiene.

jueves, enero 27, 2011

Concha Buika- Nostalgias

martes, enero 25, 2011

Ojos que no quieren ver



Acostumbraba ir a ver Los Simpsons a la que sería su habitación.

- Mmm... lindo niño- pensé. Y en una de las tantas fiestas en Tamarindo, lo besé. A la segunda me preguntó si podía besarme. Y me aseguré de enseñarle que es mejor pedir perdón que pedir permiso.

Si en alguna ocasión puse en práctica aquello de que "un clavo saca otro clavo", fue en esta. Aún malenamorada, decidí que iba a ser una novia buena y que todo saldría bien. No más llantos, no más dramas, no más escenas en el bar del pueblo ni en ninguna otra parte. Aquel no tardó en enterarse ni de marcar su territorio, restregándome una nueva chica delante de mis narices. Pero yo ya estaba en otras.

El niño era un dulce conmigo, eso no se le puede negar. Claro, mientras estaba despierto, porque una vez que regresaba del trabajo, dormía a pierna suelta. Yo dejé de ir a la playa. Y cuando fuimos me preguntó: ¿por qué nunca me trajiste?. A lo que le contesté con una sonrisa sarcástica: porque siempre estabas dormido. Como todos, tenía sus defectos, pero nunca me ocultó sus negocios oscuros. Un día vi aparecer en su habitación un televisor enorme, con el que él, mi cuñado y su otro compañero de habitación jugaban play station. Me contó sus aventuras en Limón, y cómo había entrado en el negocio...

Hay un detalle que no he contado aún, y es que cuando lo miraba a los ojos, uno de ellos cambiaba de dirección cuando le apetecía. Sus padres lo habían llevado a operar a Cuba, pero no logró recuperarse al cien por ciento.

Sus padres... Buenas personas. Su madre era profesora universitaria y su padre pastor. Al parecer se llevaron una buena impresión de mi. Y yo de ellos. Me encantaba la colección de libros y cuadros que conocí cuando fui a la casa de su padre en... San José. Era interesante ver cómo tanto él como su hermano eran tan diferentes a sus padres: dos adultos que fueron jóvenes universitarios emprendedores... Ellos se habían separado luego de que su hijo descubrió a su madre con otro hombre.

Cuando lo llevé donde una amiga en San Pedro, me dijo: pero si es un chata. Yo me reí. No me importaba escuchar con él a Sean Paul o a Tego Calderón, ni que sus pantalones fueran tres veces más grandes que él (¿dije tres?, seis quizás), lo que me importaba era lo que había dentro... ¡de su corazón, claro está!

Llegó el momento en el que yo ya no podía permanecer ni un minuto más en el hotel, y decidí renunciar, aunque él no quería que lo hiciera. Alquiló una casa de madera en el pueblo más cercano y llamó a sus compas para que pasaran una semana en la playa. Él quería que nos quedáramos a vivir ahí. Yo la mantengo - me dijo.

Yo me horroricé. No estaba para jugar de casita con un niño. A pesar de que vi sus lágrimas correr bajo el agua de la ducha, aproveché la primera oportunidad que tuve para regresar a San José. Me inscribí en un seminario de radio, y gracias a éste conseguí mi trabajo, pero esa es otra historia.

Al poco tiempo él se jaló una torta y lo despidieron. Casi que podría asegurar que fue al propio. Seguimos viéndonos. Yo hacía un viaje de unas dos horas para llegar a un lugar donde estaba segura que habitaban los duendes. Por supuesto me quedaba a dormir, abrazada a su cuerpo tibio. Por las mañanas íbamos de excursión al río que había cerca de su casa, y regresábamos para preparar fajitas de pollo con cebolla y chile dulce.

Todo iba bien, hasta que vio unas fotos que le causaron intriga, con un amigo mío al que yo le gustaba... Lo de su madre aún no lo había superado, y no lo aceptaría en su vida... jamás. Lo vi un mes después que fui a dejar a mis padres al aeropuerto. Y desde entonces... nunca más. Aún no me explico cómo en un país tan pequeño sea posible que no nos hayamos vuelto a topar, ni por casualidad.

sábado, enero 22, 2011

Una historia escrita sobre las conchas



Conchal fue el inicio de una nueva etapa. Ese año no sabía hacia dónde ir, ni cómo. Era como esos barcos que han perdido el ancla.

Y un buen día, tras un pleito familiar, imprimí varios curriculums, me puse mi mochila al hombro, y tomé un bus a Guanacaste.

Quiso la suerte, el destino, o lo que fuera, que a la primera entrevista me dejaran una semana a prueba, y por allá me quedé, conociendo lo que sería mi nuevo trabajo, mi nueva casa y mi nueva Vida.

Desde que lo vi me atrajo, mucho, muchísimo. Por más que le daba vueltas, no entendía cómo era posible que un tipo tan feo y con el que no había intercambiado palabra alguna, me atrajera de esa manera. Y además, se trataba nada más y nada menos que de mi supervisor.

Una de esas noches, fuimos a "supervisar" la playa, y no me importó que una nube de zancudos me devorara de pies a cabeza... Estaba muy ocupada como para ocuparme de los zancudos. Nos sacudimos la arena en uno de los baños del hotel. Y esa fue la primera de muchas escapadas en las que logré superar al mismo Houdini. Por suerte no habían cámaras que registraran... nada.

Después de esa semana regresé a San José para empacar mis cosas y recibí una llamada suya. Me decía que no podíamos estar juntos, pero no me decía por qué. A mi se me ocurrieron las razones más absurdas y nunca la más lógica: tenía novia.

El día que llegué al hotel hice lo que nunca antes había hecho: revisé su habitación minuciosamente. Necesitaba saber con quién me estaba metiendo. Y no me gustó lo que encontré. Sin embargo obvié las fotografías que había bajo su colchón y seguí adelante. Incluso cuando me dijo que tenía novia, y una hija de otra mujer. Miro hacia atrás y me felicito por no necesitar ahora refugiarme en los brazos de un hombre cuando tengo un vacío adentro.

De nuevo: fueron cuatro meses intensos. Dormía con él, trabajábamos juntos, creábamos juntos. Pues sí, algo bueno tenía, y es que era súper creativo: las ideas se le daban fácil. Tanto para su trabajo, como para las mujeres. Porque no tardó en endulzarle los oídos (entre otras cosas) a la cantante nueva.

Entonces mi talento histriónico salió a la luz... pública. Recuerdo que venía de un evento cuando una amiga me avisó que estaban en el bar del pueblo, con otra pareja más. Caminé hacia ellos decidida, lo tomé con fuerza del cabello y le doblé la nuca, gritándole: ¡ASÍ TE QUERÍA VER! Y a ella: ¡PEEEEEEEEEEEERRRRRRRRRAAAAAA!!!! Al día siguiente fue la historia de primera plana del hotel. Faltaba más: pueblo chico...

Me malenamoré, sí, y de la persona menos indicada. Al tiempo ya andaba con otra chica más. Yo no lo soporté, entonces no era tan fuerte, y renuncié. Mi trabajo era hacer reír y yo lo único que hacía era llorar de rabia y de dolor. Recuerdo una escena surrealista de un amigo mío masticando un papel con los nombres de las canciones de un disco que él me había regalado, y dejando ir las sobras por el lavamanos. Al menos sola no estaba. Una tarde me tomé una botella de vodka entera y la reventé contra la pared. Y tampoco estuve sola. En ese momento entró a mi habitación un amigo al que le gustaba. Sólo se sentó a mi lado y me abrazó, mientras yo tenía la mirada fija en los pedazos de vidrio.

Seguí en el hotel, pero cambié de puesto. No me divertía nada estar detrás del front desk atendiendo las necedades de los gringos. Era mucho mejor trabajar con niños que con adultos. Pero al menos no tenía que verlo todos los días.

Tres meses duré en ese puesto antes de regresar a San José. Supe por una amiga y por mi mejor amigo que me acusó de brujería. La chica con la que estaba le hizo la Vida a cuadritos. Yo me reía para mis adentros. Creer que una bruja es culpable de sus males... es porque ignoraba que en esta Vida existen Leyes Universales que nos rigen: Karma y Dharma. Tiempo después lo despidieron.

miércoles, enero 19, 2011

El flautista



Me atrapó su melodía.

- ¿Y ese niño quién es?, le pregunté doble intencionadamente a mi amiga. Sí, dije niño, porque tenía 19 años. Y yo ya había iniciado la década de los 30.

Tenía que ser una bruja la que alentó esa atracción. Le dio mi teléfono y empezamos a comunicarnos... vía telefónica y a través de la música... porque cuando descubrimos que teníamos química en el escenario... volamos. Yo tenía la certeza de que algún elemental de la naturaleza hacía su aparición en ese momento, aunque no fuera capaz de verlo, sabía que ahí estaba. Mientras, yo bailaba, sobre los acordes que salían de sus labios.

Decidí olvidarme que se trataba de un adolescente para convertirme yo en una adolescente. Caminábamos bajo la lluvia y nos deteníamos para besarnos, olvidándonos de que el mundo existía y que sólo teníamos una sombrilla quebrada.

Lo llevé a contarle las historias que cuentan los museos y las calles de San José, fuimos a mi café-bar favorito, a construir cadáveres exquisitos sobre servilletas y trozos de papel. Y también a Zorratepec, a despertar a los duendes que habitan entre los árboles.

Mis amigas no entendían qué estaba haciendo con este niño. Yo... sabía lo que hacía, pero se me salió de las manos. Descubrí que tener y mantener una relación abierta requiere madurez, y definitivamente no es una opción cuando hay tantas dudas, inseguridades y rollos por resolver... Yo cerraba los ojos, tratando de recordar quién fui a los 19 y se me venía a la mente la imagen de una chica de falda larga, caminando descalza por las calles de San José, y entonces fue cuando me dije: qué-estoy-haciendo. Él se enamoró y yo rompí un corazón. Pero terminarle fue lo más sensato que pude haber hecho. Aquello no tenía pies ni cabeza. Preferí ser su amiga, pero él no estaba preparado para ese cierre, así es que acto seguido, hice mutis por el foro.

Después de esa experiencia, ya no estoy tan segura de querer ser la señora guapa que anda luciéndose con chicos veinteañeros. Todo tiene un precio.

domingo, enero 16, 2011

El médium y la bruja



No eran el lugar, ni las circunstancias, lo que no nos permitía fluir...

Con nadie había logrado esa conexión espiritual. Con él no tenía que callar mi atracción por el esoterismo. En ese sentido estábamos en la misma frecuencia. Una noche me vi con él en la casa de una lectora del Tarot, la mejor del país, según se dice, rodeada de una serie de personalidades en la materia. Él y yo éramos los más chicos. Todos los demás en esa habitación superaban los sesenta años. Las paredes estaban rodeadas de máscaras y de objetos que parecía que cobrarían vida en cualquier momento. La puerta se abría con el viento, y ellos estaban segurísimos de que se trataba del alma de un amigo en común que ya había muerto. Y claro, no podía faltar a la hora del café (aunque no tuviera un trasero para sentarse).

La señora que estaba sentada a mi derecha, me dijo que me acompañaba un alma vieja, que vestía de negro y se peinaba de moño. Aunque nunca la he visto, la siento conmigo: sé que mi abuela me protege. Sólo me lo estaban confirmando.

Días después estuve en una sesión de médiums. Un espíritu ancestral me habló a través de él, sin embargo sentí que los consejos que recibí, me los pudo haber dicho él sin necesidad de intermediarios, así vinieran de otros planos de la materia.

Una cosa buena sí predijo, y es que una amiga a la que le rompieron el corazón, conocería su compañero de Vida, y eso hoy es una realidad. Las personas no nos conocemos por casualidad, así es que una de las razones por las que valió la pena haberlo conocido, fue esa.

Resulta que aunque lo intentamos, había algo que, al menos para mi es esencial, y es que no nos entendíamos en la cama. De haber conocido el sexo tántrico por esos días, probablemente lo hubiera intentado, pero de nuevo: las cosas suceden como tienen que suceder. Que dos personas coincidan en determinado momento de sus vidas es un milagro. A veces uno o el otro no está preparado para ese momento, y es por eso que hay que procurar mantenernos siempre conscientes, con los seis sentidos abiertos.

Juntos fuimos al Volcán Irazú, que terminó siendo un viaje de despedida, muy simbólico por cierto. Al final sólo nos abrazamos fuertemente, y sin una sola palabra (las palabras no son necesarias en el plano espiritual), cada uno siguió su camino.

miércoles, enero 12, 2011

Précisément

- Me encanta hacer el amor con vos, me dijo mientras me miraba desde sus ojos color almendra.

Él me encantó, desde la primera noche que me invitó a salir. Me atrapó su discurso de sabelotodo, y ese mechón de cabello que le caía en la cara y lo hacía parecer una caricatura manga. Probablemente salió de una, porque entre más lo miraba no le encontraba defecto alguno.

Una que a veces se complica la Vida y no se la cree. En lugar de hacerme publicidad, empecé a contarle mis cuentos bizarros, y saltaron mis neurosis y otros demonios, y ni para qué... Hasta yo misma hubiera salido corriendo, ahora que lo veo en retrospectiva.

Para que dos personas estén juntas, en definitiva tienen que estar en la misma frecuencia. En fin, durante esos cuatro meses que las estrellas quisieron que este par de almas coincidieran en las mismas latitudes y longitudes, aprendí de él más de lo que él pudo sospechar. Me hizo ver hacia adentro, me hizo pensar que ese ser con el que compartís besos, sudor, tertulia y cafés, no es el Sol de tu Universo, sino vos mismo. Así de sencillo.

Entonces estaba efervesciendo en mi la pasión por la danza, y él estuvo siempre acompañando mis pies descalzos. Es justo lo que esperaría de un compañero de Vida: eso y que nos entendamos en los tres planos de la materia. Y que tenga esa perspicacia, ese sentido del absurdo, esa manera de entregarse a su pasión, y ese criterio... (¡a la p&#%ª"!!! ¿en qué estaría pensando cuando lo dejé ir...?).

- Précisément.

martes, enero 11, 2011

Cadáver Exquisito

Interrumpo la programación regular, para compartirles una producción del Circo de los Dementes e invitados. Con ustedes, este cadáver exquisito:

El fondo del absurdo es un atajo.

Todo va a salir bien.

¡Cambia, cambia!

Hay ausencias que representan el verdadero triunfo.

Tiempo, tiempo...

No es necesario pensar para escribir: el papel aguanta.

Entonces, se absorbe el paisaje.

- Yo quería ya.

-¡Qué miedo!

-Sé que las piezas encajan porque las vi separarse…

Todo a su tiempo llega, solo disfruta del tiempo y sé feliz.

Vuela, escapa al mundo de fantasía a través de la mascara en el espejo, el mundo de los que prefieren hacer imposibles realidad.

Abrí el espacio para entretenerte.

Paciencia.

Muy preciso. En el momento indicado.

Divino y perfecto como el nautilus…

Cada momento es único.

Absurdos pensamientos, pero son muchos y a través del sueño son representados - qué rico pero que cansado cuando hablan de uno las amiguillas...

Canta corazón, vuela, vuela…

Cualquier proliferación caótica es solo un ascua al lado de la gran fogata. ¡Es cualquier vara!

Si estuviéramos aislados seríamos muertos vivientes, por eso mejor no darse cuenta y seguir adelante.

Los pensamientos son cosas.

Pagaré las causas de mis consecuencias.

-Whatever!!!

En un reglón se pueden escribir muchas cosas.

Éste es el último. ¡Escríbalo!

jueves, enero 06, 2011

Entre una magnolia y un violín rojo



Magnolia era nuestra película favorita. Así es que un día le regalé un paquete de inciensos de Magnolia.

Él me recordó este detalle cuando nos reencontramos, a su regreso de Europa. Yo ya lo había olvidado...

Empezamos a salir. ¿Dije salir? En realidad nunca salimos de su habitación. Habíamos encontrado una conexión sexual que no habíamos logrado antes. Y sin embargo, la primera noche le dije lo que realmente buscaba.

La pasábamos bien teniendo una buena conversación, una botella de vino, una buena película y una mejor sesión de sexo. Pero lo que yo realmente quería y quiero y busco en mi interior, no lo obtendría de este menú. Por eso las madrugadas se tornaban amargas, y sentía frío aunque durmiera a su lado.

Una mañana recibí un mensaje de texto de una amiga en común: Me besó. Y me invitó a su apartamento. Pero no quise ir. Ella ignoraba que para esos días nos habíamos estado viendo. Tomé aire y la llamé. Dejé que me contara todo con lujo de detalles. Luego le conté la verdad. Ella no lo podía creer, y lo eliminó de su Vida, así como yo lo hice después de encararlo. No teníamos una relación, pero él sabía que yo sí la quería. Y aunque no tuviéramos nada, ella no era una desconocida, sino amiga de ambos. Le tiré al suelo su discurso existencial-espiritual de ese entonces, di media vuelta y me fui. Tomé mi frustración y la convertí en un poema:

Un tango,
es una risa burlona,
el fondo de una botella de lágrimas contenidas,
el recuerdo de una última vez,
un beso con sabor a sangre,
el perfume del despecho,
la dulzura de lo amargo,
un "te quiero" a media voz.


Y de ese poema surgió un montaje al que llamé Esencia. Llevé las clases de tango que quería llevar con él. Y me desahogué en el escenario, ahorrándome las lágrimas. Decidí crear. Y cuando todo estuvo listo, lo invité al estreno. Por supuesto, no llegó. Pero para mi la transmutación fue suficiente.

Un año después, en un momento en el que no deseaba ver a nadie: ni a mi misma, me salió al paso, me pidió que habláramos. Y yo desde mi Universo oscuro acepté hacerlo. Se disculpó. Y le dije, no pasa nada, fui demasiado dramática. Y me dijo, sí, pero también te debo una disculpa. Y nos dimos un abrazo incómodo mientras las palomas revoloteaban en el cielo de la Plaza de la Cultura.

Nunca está más oscuro que cuando va a amanecer, me dijo viendo mis ojos maquillados por mis ojeras. Arrastré esa frase hasta que estuve completamente recuperada y de nuevo vi la luz del Sol. Es lo que me quedó de él. Eso, y el DVD de El violín rojo, otra de nuestras películas favoritas.

Pero la historia no termina ahí... El destino le juega a una malas pasadas... y esta vez lo hizo a través de una llamada: -Te llamaba para que nos tomáramos un café, recuerdo que teníamos buenas conversaciones... Acepté fríamente y llegué a nuestro encuentro, dispuesta a todo.

Lo miré a los ojos y le dije lo que pretendía sin una sola palabra. Me detuvo el aliento con un beso en media Avenida Central. El resto es historia. Durante unas tres semanas nos volvimos a conectar. O al menos eso creí. Las cosas siguieron funcionando en su cama y fuera de ella, porque sí, la pasamos bien juntos, nos reímos, conversamos, nos deseamos. ¿Entonces qué pasó? La única forma en la que puedo explicar su desaparición es que el tipo es un pinche cobarde (y yo una boluda por volver a caer). Fin de la historia.

miércoles, enero 05, 2011

La irreverencia de un beso

Me gustaba su irreverencia.

Me hacía reír con sus salidas... y si algo me hacía falta era reír. El enojo me reventaba el hígado por esos días: que por el pésimo servicio al cliente, que porque no me pagaban a tiempo... Y bueno estaba en la transición de una relación que parecía ser perfecta, hasta que él empezó a distanciarse. Tenía novio pero me sentía sola, y... una cosa llevó a la otra. De sentir simpatía empecé a sentir cariño y... atracción. Y como los deseos suelen manifestarse en los sueños, estos empezaron a repetirse una y otra vez. Hasta que un día me dije: ya basta, que sea un beso. Al fin y al cabo, sólo será uno. Qué engañada. Un beso sería una puerta.

Y ni qué decir de la lucha interna que tenía. ¿Sentimientos de culpa? Sí, claro. Pero siempre he creído que en definitiva lo mejor es ser fiel a mí misma. Así es que me dejé llevar, por ese huracán de emociones, sensaciones y sentimientos que me sacudían de un extremo al otro, hasta que llegué a comprobar que es posible querer a dos hombres al mismo tiempo. ¿Cómo? Con uno había sentido una conexión desde que nos vimos a los ojos la primera vez, con el otro había ido encariñándome de a poco, con el trato diario, con las cosas más sencillas y cotidianas.

Eran Universos distintos y escenarios diferentes los que compartíamos. En algún momento me dije que sería perfecto un hombre con las cualidades que me gustaban de cada uno. Pero resulta que las cosas son perfectas como son, y no como una se las imagina. En ese caso... son más que perfectas. Y en ese momento me tocó vivir esa experiencia, o más bien, me dejé ir. Hasta que un año después me dije: suficiente. No puedo más. Hice mis respectivos rituales para cerrar ambos ciclos y seguí mi Vida. Pero vaya que no soy de las que cierra ciclos fácilmente...

¿Imágenes? Su mano acariciando suavemente mi espalda desnuda. Sentí lo que quiso decirme sin mirarnos a los ojos. Por momentos como ese es que la Vida se vuelve deliciosa. Y por momentos como ese he cerrado los ojos a malos recuerdos para volver a besarlo.

martes, enero 04, 2011

El peluche bipolar

Ella dice: - Desde que duermo sola duermo con un peluche.

Él dice: - Desde que dejé de dormir solo duermo con un peluche bipolar.