jueves, octubre 11, 2018

Táctica y Estrategia, de Mario Benedetti

Mi táctica es 
mirarte 
aprender como sos 
quererte como sos 

mi táctica es 
hablarte 
y escucharte 
construir con palabras 
un puente indestructible 


mi táctica es 
quedarme en tu recuerdo 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
pero quedarme en vos 

mi táctica es 
ser franca 
y saber que sos franco 
y que no nos vendamos 
simulacros 
para que entre los dos 
no haya telón 
ni abismos 

mi estrategia es 
en cambio 
más profunda y más 
simple 

mi estrategia es 
que un día cualquiera 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
por fin me necesites.


                                 
                  Xóchitl. Foto: Luis Alberto Cháves. LACM fotografía.


Asistencia de foto: PHOTO WACH.
Locación: #zorratepek
Dirección, producción y modelo: esta servidora

jueves, septiembre 27, 2018

¡Bailo esta noche!


martes, septiembre 04, 2018

NOSOTROS


sábado, agosto 11, 2018

Las sirenas tenemos derecho a viajar solas


Conchal, 2003

Como Mar, o Sirena (su nombre artístico), yo también tuve 25 años. Justo a esa edad me fui a vivir a Conchal, tras no tener éxito en la búsqueda de trabajo como productora audiovisual egresada de la UCR. Trabajé como niñera en el Kids Club de Paradisus Playa Conchal, y posteriormente en Recepción.

Cuando tenía un día libre, me iba a explorar Guanacaste. No tenía medio de transporte, ni siquiera una bicicleta, así que pedía ride, pasara lo que pasara: moto, cuadra, carro, bus, camión o tráiler. Nunca me pasó nada que pusiera en riesgo mi seguridad, aunque les parezca riesgoso. 

Una vez traté de llegar a Rincón de la Vieja, sin mucha noción de la distancia. Nunca llegué hasta allá, pero descubrí un río donde andar en kayak y la pasé súper. Otra vez me quedé dormida en Playa Negra, y sí me asusté porque la marea creció y no tenía forma de cruzar a la otra playa, y los dueños de las lanchas estaban reposando. Por suerte un muchacho y su novia venían en lancha del parque, y así pude cruzar a Tama.

Cuando vivía en el hotel, en las habitaciones de empleados, a veces me despertaba a las 3:00 de la mañana, y me iba caminando por la calle de Brasilito, hasta llegar a la playa, a veces. Sí, sola. Nunca me pasó nada. Sí había mucha droga, y detestaba ese olor a hule quemado en el ambiente, pero yo pasaba de largo. Me gustaba cantar y caminar de madrugada. Una vez, con un grupo de amigos, dormimos sobre sábanas y nos quedamos a ver el amanecer, en la playa.

Me encantaba irme de fiesta con mis compañeros y compañeras de trabajo a Tamarindo. A veces tomábamos una buseta entre todos, o un taxi. Regresábamos al amanecer, para empezar a trabajar como si no hubiéramos trasnochado. Nunca me pasó nada que me hiciera sentir que corría peligro.

Lo más peligroso de ese tiempo en la playa, fue enamorarme de un pendejo, y no cuidar mi corazón. Arriesgué más que eso. Aprendí a cuidarme. Y eso me tomó años aprenderlo. 

Sí fui etiquetada y juzgada. Ni la cuarta parte de los chismes que se contaban de mi eran ciertos. Todo por ser una mujer libre. Desde puta hasta bruja. Y bruja sí soy, pero nunca he utilizado lo que sé para hacer daño a nadie. 

Han pasado 15 años desde entonces, y aún hay personas que piensan que una muchacha no debe viajar sola, o caminar sola por la playa, menos de noche. Es 2018, y una muchacha extranjera fue asesinada en una de nuestras hermosas playas. Una muchacha con sueños, con un presente y con un futuro coartado por la violencia machista. Por pensar que los cuerpos de las mujeres son de quien los toma y los ultraja. Lo siento, perdóname, gracias, te amo, Mar. Tu sacrificio fue muy grande. Ojalá que las conciencias despierten, y que las nuevas generaciones de hombres y mujeres, sean criadas con Amor y Respeto.

A sembrar Amor y Fortaleza. A enseñar a las mujeres a desarrollar su intuición y defensa personal. A enseñar a los hombres a respetar, valorar y Amar.
Por favor no alimentemos el miedo. El miedo es lo contrario al Amor. Y, si sentimos miedo, que sea el impulso para prevenir más muertes, organizándonos y protegiéndonos.

lunes, agosto 06, 2018

El pescador y la sirena

Nos encontramos dos veces en un sueño lúcido, y desde entonces el deseo habitaba nuestras miradas. El segundo, fue más cotidiano, como si estar juntos fuera lo habitual.

Te conocí mientras me despedía de Nosara, con tu amigo de siempre. Me presenté naturalmente, y luego te seguí la pista: entonces fui yo la que lanzaba la caña de pescar. Pero las sirenas, no necesitamos una caña. Cuentan las malas lenguas, que ahogamos a los marineros. Siempre he creído que ese rumor es muy malintencionado. Tenemos facilidad para enamorarnos de los marineros, sí. También de los piratas, y de los pescadores, como vos. Antes de que atracaras al puerto de mis ojos, te leí, te escribí, enviándote notas en botellas, y canciones de Monsieur Periné. Me encantaría verte en el teatro, te dije esa primera vez, y pasaron meses hasta que pudo ser. Parece que los tiempos no se nos dan. Si pudiera hacerte un regalo, sería un reloj, sincronizado con el mío, para que nos encontremos más a menudo. "Todo tiene su tiempo", me diría mi gurú, uno muy sabio que vive en el fondo del Mar. Sin duda tiene razón, me encantaría llegar a tener al menos un poco de su sabiduría, y por eso me gusta escucharlo...

Pero volvamos a esa noche, en la que disfruté tanto tu sonrisa a la salida del teatro y vos mi invitación a bailar. Sentirte tan cerca, en cada paso de baile, adivinando tus movimientos cuando sentiría tu piel desnuda sobre la mía, me hizo volar la imaginación. Desafiaste mis propios límites, si me preguntás qué es lo que más me gustó. Fuiste tan suave al principio como fuerte después. Me aferré a tus brazos y supe del placer que era capaz de sentir. Al amanecer dibujé con las yemas de mis dedos, los mapas de manchas que habitan tu piel, e hice caminos entre tus mechones de cabello. Te conté que soy una bruja blanca, y me pediste que te contara más... Para entonces, la luz del Sol ya iluminaba mi casa.

Un día, mientras meditaba pensándote, te encontré bajo la lluvia. Te gustó el color naranja que sobresalía en mi vestido azul. Otra vez tu sonrisa, y días después, otra noche de encontrarnos a besos. Despedirnos porque viajarías al otro lado del Mar, para vernos 12 lunas después. Ni siquiera tanto desencuentro me hizo olvidarte.

Poco después de tu partida, me sumergí en un océano muy oscuro, del que me costó salir a la superficie. No, no por vos. Necesitaba entrelazar las redes de mis propias heridas.

Nunca imaginé encontrarme con vos en la misma escena. Siempre he creído profundamente en hacer lo que me gusta, y veo que pensamos igual. Al terminar nos acercamos, y bailamos de nuevo, en otra pista. Y nos ocultamos en medio del canto de los grillos, y el frío de la madrugada, para hacer el amor. - Lo que más disfruté fue el abrazo, te dije al despedirme, mientras recordaba cómo acariciabas mi espalda, cuando descansaba sobre tu pecho.

Nos falta bailar un bolero, bien pero bien cerquita, porque la Vida vale lo que el cuerpo, calienta, cantaría Guadalupe . Brindo porque esta vez sea frente al Mar.



lunes, junio 11, 2018

Declaración

Yo me amo, me valoro y me respeto.

Yo merezco un trabajo digno, bien remunerado, con buen ambiente laboral, en el que me sienta realizada y pueda hacer un aporte a la Humanidad.

Yo merezco una casa bien iluminada, rodeada de un hermoso jardín, a la que pueda llamarle hogar, en donde mi hija y yo nos sintamos cómodas y podamos recibir a nuestras amigas y amigos.

Yo merezco un carro práctico y cómodo para transportarnos a mi hija, mis papás y yo, que aguante paseos largos, y que nos permita hacerle ride a los amigos y amigas que lo necesiten.

Yo merezco un hombre que me ame, me valore y me respete de verdad, que se comprometa, que sea mi compañero de Vida y un buen padre para mis hijas.

Yo merezco vivir en paz, respirar paz, transmitir paz.

Yo merezco tener tiempo para mi misma, para mis proyectos, para concretar mis sueños, para compartir con mis amigas y amigos, e incluso para no hacer nada, sin que se caiga el mundo por eso.

Yo merezco.


domingo, junio 03, 2018

Arturo


Grabando en Radio Nederland, con Arturo Meoño y don Amable Rosario.


Cuánto daría por estar almorzando su comida en este momento... Tenía una forma tan particular y tan creativa de cocinar... Nunca repito, y en su mesa siempre quise más. Había entrada, plato fuerte y postre. A veces más. En un día como hoy, en el que me siento triste, me hubiera invitado a su casa, o a La Llovedeira. Pero esta vez estoy triste porque ya no está.

Llegué a Radio Nederland gracias a mi papá. Una de las tantas veces que yo estaba sin trabajo, mi papá se aventuró a ir a Radio Nederland para buscarme una entrevista. Así fue como en diciembre de 2002, llevé con Arturo un taller de voz para actuación en el ICER. Recuerdo cuando subimos a la azotea del edificio, y nos hizo cerrar los ojos para identificar los sonidos. Fue mágico.

Después de ese taller, empecé a grabar en Radio Nederland, la mejor escuela que he tenido como locutora. Me gustaba tanto, que aún viviendo en Conchal, tomaba el bus de TRALAPA,que duraba 7 horas y media, me bajaba en Paseo Colón, y me iba a grabar a Sabana Sur, para devolverme el mismo día. Compartir con actores y actrices profesionales y representar distintos personajes que salían de la imaginación e investigación de Arturo, fue increíble. También me enseñó a escribir para radio. Creyó en mi, me enseñó a confiar en mi capacidad y en lo que era capaz de lograr.

Llegó a convertirse en un amigo, confidente y padre para mi. Con él hablaba cosas de las que jamás hablaría con mi papá biológico. Y es que Arturo nació para ser papá. Se lo dijo una vez una mujer que le tiró las cartas. Y lo digo yo que lo vi ejercer su papel con tanto amor. Aprendí mucho en su casa, y hay muchas cosas que admiro del hogar de Arturo y Waleska. Terminé adoptando a su familia. Conozco a Gina desde los 3 años, a Lía le di clases de belly dance y Fabián se convirtió en un amigo muy cercano. Ámbar casi nace en su casa, donde me acogieron porque mis papás no apoyaban el parto en casa. Ahí estuve la primera semana de Ámbar, mientras me recuperaba del parto y tomaba fuerzas para regresar a mi realidad.


El día que me enteré que estaba embarazada, después de hablar con el papá de mi hija, fue al primero al que llamé, llorando.Y me recordó lo mucho que yo quería ser mamá. Era mi Ubicatex. No quería ser padrino de la peque. Decía que estaba muy viejo. Quizá intuía que se iría pronto. Sin embargo, hizo reír tanto a Ámbar que lo llamaba el "tío gracioso". Aunque más que tío, fue lo más cerca que estuvo de ser abuelo.

Por él conocí nuevas canciones y nuevos sabores. Y varias cantinas de Alajuela. La que más recuerdo es El Cinco Menos, donde preparan un pescado entero delicioso. Fui a ver El Mercader de Venecia,  obra que dirigió Arturo, con Ámbar en brazos, así que fue su primera obra de teatro.

Quedaron pendientes proyectos... La última vez que nos vimos fue en el verano de 2017, cuando fuimos a un club con piscina, con la peque. Luego me enredé en mi Vida, y un día, mientras meditaba, sentí que debía llamarlo (nos comunicábamos por telepatía). Me contestó Waleska, y me contó que estaba enfermo, que ya no podía hablar, y no quería ver a nadie. Fue muy doloroso. Sobre todo entender y respetar su espacio. Gracias a mi amiga Anny pude comprenderlo. Desde entonces empecé a extrañarlo. Sólo me queda decirme lo que siempre me digo en estos casos: las personas que viven en nuestro corazón, jamás mueren.


Arturo, Waleska y Ámbar, en su bautizo en la montaña.