lunes, junio 24, 2013

¿Qué es familia?

¿Quiénes son tu familia? ¿Quiénes realmente?

Hace unos días dejé pendiente el tema de la reencarnación... En el libro Los Nueve Peldaños, de Anne Givaudan y Daniel Meurois, plantean que tu alma elige a tus padres. Cuando en mi curso de preparación para el parto escuché esta historia por primera vez, me impactó. Mi doula nos contaba que el alma tiene tres oportunidades para visitar a sus padres: cuando son niños, cuando son adolescentes y cuando están a punto de conocerse.

Conocer esta teoría, me liberó de la culpa que pude haber sentido por elegir mal al padre de mi hija. Por alguna razón, que yo desconozco, mi  hija eligió a sus padres. Cada uno tiene su lección de Vida, y cada uno es responsable de la misma.

Algo me llenó los ojos de lágrimas y fue cuando Tzila  nos dijo que al tener conflictos con nuestros padres, tratáramos de recordar cuando fueron niños. Todos tenemos nuestras historias. Y estas historias nos han marcado. Mi padre, por ejemplo, está muy dolido, guarda mucho resentimiento, y ese dolor se traduce en enojo.

Siempre he creído que nada es casualidad. Cuando encontrás a alguien, y conectás con esa persona, como si ya la conocieras, es mágico. Esto podría justificar la teoría de la reencarnación. Es lo que yo sentí al conocer al padre de mi hija. Había cierta familiaridad en tan poco tiempo, como si hubieran pasado meses... Lo mismo con mis amigas y mis amigos, a los que considero mi familia. Acostumbro decir que son los hermanos que nunca tuve.

Las personas que están con vos, que te apoyan, que te contienen, que te escuchan, que te dan la mano, son tu familia, independientemente de que haya un vínculo sanguíneo o no. Yo he tejido con esmero mi red de apoyo, y es lo que me sostiene, en tiempos difíciles. Y es lo que quiero enseñarle a mi hija. Estaré atenta para aprender lo que ella viene a enseñarme.


viernes, junio 07, 2013

Aunque el Amor no sea Amado

- Vos no estabas así en abril... -me dijo señalando mi vientre- ¿fue en el Acapulco que nos vimos? ¿O aquí en la Compa?

- No se nota desde el principio - le dije, estupefacta.

Se volvió hacia su acompañante, y riéndose, le dijo:

- Ay, qué dura es la Vida para las madres solteras...

Me senté a esperar a mi amiga mientras ella recogía junto a sus compañeros todas las cosas de la presentación. Acababa de bailar en el mismo escenario, con fuego, como si tratara de exhumar aquel lugar... Como mi amiga se tardaba, recogí mis cosas, y como si se tratara de una escena ensayada, me paré debajo de la luz principal, y le dije:

- Probablemente no sea fácil, pero nosotras podemos, aunque el Amor no sea Amado.

- Ese bebé va a ser muy amado - me contestó, con cara de asombro.

- Ya lo es, ya lo es - le respondí, acariciando mi vientre, y me marché sobre mis pasos.


Esa ha sido mi Vida como madre soltera: marchar sobre mis pasos, adelante, siempre adelante, recordando a cada instante el consejo de mi mejor amiga: un día a la vez. Hubo momentos en los que necesitaba un abrazo, o sencillamente alguien que me ayudara con las bolsas de las compras. Deseaba compartir esos momentos en los que el Amor crecía dentro de mi, llenando hasta las esquinas. Yo necesitaba que el padre de mi hija estuviera conmigo en el momento en el que ella vendría al mundo. No fue casual que pasaran una, dos, tres noches de labor de parto, y ella se negara a salir...

Sin embargo, y a pesar de mi telenovela, como suelo llamarle, disfruté muchísimo de mi embarazo. A pesar de que pasé meses sin trabajo, de que añoraba más amor que nunca, de que mi padre se fue de la casa como si yo fuera una quinceañera que hubiera manchado la honra de la familia en el siglo XIX... me dejé fluir, como el río, y me dejé envolver del útero astral que me protegía mientras tuve el privilegio de sentir dos corazones latiendo dentro de mi.

Mis amigos y mis amigas fueron lo más valioso que tuve en ese momento. Y lo siguen siendo. Me hicieron sentir apoyada, acompañada y respetada.

Ahora veo hacia atrás, y me siento una mujer cada vez más fuerte, más libre, más madura. Pienso más las decisiones que voy a tomar porque pienso en mi hija y en mi, y en qué es lo mejor para ambas. Me he organizado mejor con mi Vida, y atraigo hacia mi el trabajo, la prosperidad, la dicha y la felicidad. Ámbar es mi luz, la luz que ilumina mi Vida, la maestra que llegó cuando esta discípula estaba lista para abrir su corazón. El Amor todo lo mueve, y esto lo sabemos muy bien las que hemos tenido la maravillosa oportunidad de ser madres.


                                                                 Foto: Dante Paredes

jueves, junio 06, 2013

El compromiso




Mucho se habrá escrito sobre este tema. No es casual que las leyes exijan un compromiso a los padres que no se responsabilizan por sus hijos.

¿Qué es responsabilizarse? ¿Se responsabiliza un padre que se hace cargo económicamente? ¿Es eso suficiente? Es complejo. Cada familia, como cada ser humano, es un mundo. ¿Está listo un ser humano para comprometerse física, emocional,  y espiritualmente con un nuevo ser? Si no es capaz de encargarse de sí mismo, mucho menos de un niño o niña que necesita una guía para reubicarse en el caótico planeta Tierra. Y digo reubicarse, porque creo en la reencarnación, pero de eso hablaré en otro momento.

Lo que yo le he explicado a mi beba, desde que estaba embarazada, es que su padre no estaba preparado para ser parte de su Vida. Según Laura Gutman, en su libro La maternidad y el encuentro con la propia sombra, la comprensión va desde el nacimiento, hasta el último día de la Vida. Así lo creo, así lo veo en mi hija. No podrá hablar aún, pero puedo ver cómo capta todo, desde su Universo.

Me gusta creer que su alma nos eligió a sus padres, por alguna razón que yo no he comprendido aún. Esto no con el fin de quitarme la responsabilidad que he asumido con Amor, sino porque definitivamente me dio más paz. La culpa, según mi manera de ver las cosas, no me aporta nada, todo lo contrario, me quita, me resta. Sin ánimo de parecer extremista, creo que es un invento del cristianismo y del patriarcado, para hacernos sentir mal a las mujeres. No me gusta la imagen sufrida de la Virgen. Me gusta la imagen de una diosa empoderada, dueña de sí misma, conectada con su esencia femenina y con la Madre Tierra. Una diosa que entiende sus procesos, su relación con la Luna y sus ciclos, con su útero creador.

¿Cuál es entonces nuestro papel como mujeres en este siglo? Enseñar a los hombres a amar. Ellos tienen mucho miedo. Tienen miedo a los cambios que están ocurriendo, y que no saben cómo asumir. Por supuesto no quiero generalizar, hay hombres conscientes, con el corazón abierto, dispuestos a asumir su paternidad y su Vida. Necesitamos más hombres como estos. El mundo necesita Amor, mucho Amor. Ya el odio ha destruido el mundo.