domingo, enero 16, 2011

El médium y la bruja



No eran el lugar, ni las circunstancias, lo que no nos permitía fluir...

Con nadie había logrado esa conexión espiritual. Con él no tenía que callar mi atracción por el esoterismo. En ese sentido estábamos en la misma frecuencia. Una noche me vi con él en la casa de una lectora del Tarot, la mejor del país, según se dice, rodeada de una serie de personalidades en la materia. Él y yo éramos los más chicos. Todos los demás en esa habitación superaban los sesenta años. Las paredes estaban rodeadas de máscaras y de objetos que parecía que cobrarían vida en cualquier momento. La puerta se abría con el viento, y ellos estaban segurísimos de que se trataba del alma de un amigo en común que ya había muerto. Y claro, no podía faltar a la hora del café (aunque no tuviera un trasero para sentarse).

La señora que estaba sentada a mi derecha, me dijo que me acompañaba un alma vieja, que vestía de negro y se peinaba de moño. Aunque nunca la he visto, la siento conmigo: sé que mi abuela me protege. Sólo me lo estaban confirmando.

Días después estuve en una sesión de médiums. Un espíritu ancestral me habló a través de él, sin embargo sentí que los consejos que recibí, me los pudo haber dicho él sin necesidad de intermediarios, así vinieran de otros planos de la materia.

Una cosa buena sí predijo, y es que una amiga a la que le rompieron el corazón, conocería su compañero de Vida, y eso hoy es una realidad. Las personas no nos conocemos por casualidad, así es que una de las razones por las que valió la pena haberlo conocido, fue esa.

Resulta que aunque lo intentamos, había algo que, al menos para mi es esencial, y es que no nos entendíamos en la cama. De haber conocido el sexo tántrico por esos días, probablemente lo hubiera intentado, pero de nuevo: las cosas suceden como tienen que suceder. Que dos personas coincidan en determinado momento de sus vidas es un milagro. A veces uno o el otro no está preparado para ese momento, y es por eso que hay que procurar mantenernos siempre conscientes, con los seis sentidos abiertos.

Juntos fuimos al Volcán Irazú, que terminó siendo un viaje de despedida, muy simbólico por cierto. Al final sólo nos abrazamos fuertemente, y sin una sola palabra (las palabras no son necesarias en el plano espiritual), cada uno siguió su camino.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Definitivamente me identifique con este post en algun momento de mi existencia lo cual no es en el presente... Pero al leerlo tuve la misma sensacion de saborear un delicioso postre.
Me parece apasionante y exquisito...
Me dejo sin palabras y con mucho sentimiento.

Evy Vargas