viernes, enero 16, 2009

Despedidas

Leer la cuarta parte en Pensamientos en Borrador

...mientras ella pasó del lienzo, a empapar de pintura su rostro, sus senos, su vientre, sus muslos, como si el óleo pudiera retener el olor de su piel... Cerró los ojos, y pudo verlo, caminando sin rumbo, por una ciudad sin nombre, en medio de miles de individuos sin nombre, que caminaban como autómatas, inexpresivos... y horrorizada abrió los ojos. ¡Cómo le permitió marcharse!

Entonces quiso tenerlo con ella, para llenarle de color la Vida, para no dejarlo ir por ese desagüadero, esa una ciudad sin nombre, pero con tiempos. Qué no daría por tenerlo cerca. Volvió a cerrar sus ojos, y sintió su tristeza.

Él estaba empapado. No planeaba una lluvia para su partida... Se detuvo en una esquina. Necesitaba respirar. Aaaaahhh... Sería mejor si todo estuviera seco. Miró a su alrededor... los edificios, las gentes sin nombre, desconocidos todos. Y en medio del ruido reconoció la voz de ella... Lo estaba llamando. Se dio la vuelta, como por impulso. Detrás de la vitrina había muchos espejos. Y se vio reproducido en ellos. Algo no calzaba con la imagen que esperaba encontrar... Estaba empapado sí, pero de colores.

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