jueves, diciembre 18, 2014

Intuición

Hace muchos años ya... tendría unos 15... hice un trato con mis amigas de colegio: nunca dejaríamos de ser niñas. Nunca olvidaríamos que una vez lo fuimos. Conservaríamos la inocencia de nuestro corazón. 

Uno de los grandes Maestros de la Humanidad, Jesucristo, solía decir: "dejad que los niños vengan a mi". 

Ser madre me ha permitido volver a disfrutar como una niña. Ser una mujer adulta, cumplir con los convencionalismos, amoldarme a la sociedad y a sus dictámenes, no es algo que se me de natural. Todo lo contrario, me cuesta "encajar". Una vez me despidieron con ese argumento. Así es, me dijeron que no "encajaba". Para mi es algo positivo. 

Y esto no tiene nada que ver con madurez, no nos confundamos. Mis heridas y mis batallas me han hecho mucho más fuerte. Sin embargo, a veces creo que puedo ser demasiado ingenua. Confío mucho en los seres humanos. A veces más de lo que debería.

Creo que en esencia, todos somos buenos, y apelo a esa bondad. Saludo la Luz que habita en cada alma. Porque cada alma viene de la Fuente. Y la Fuente es el Amor. Y a pesar de mi conexión con el Amor y el Universo, que son uno mismo, me llevo fuertes decepciones, a veces me siento defraudada. Es mi parte humana la que me hace sentirme así. Por eso es tan importante no tener expectativas. E impedir que el Ego se apodere de nuestras mentes.

Espero seguir teniendo fe en los seres humanos. Creo profundamente en el Cambio, en la Transformación, y en que todas las consecuencias de esta Transformación, las estamos viviendo Aquí y Ahora. Pueden doler, pueden matar, pero será para nacer de nuevo.



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