domingo, septiembre 25, 2011

Transformación

Como todo proceso, el de la transformación requiere su tiempo. Yo recibí la ira, y la transformé en Amor. Suavicé con una suave luz la piedra: la envolví con el calor que ambos le enviamos, y lo dejé fluir. Pero después me sentí agotada, no como si hubiera respondido con la misma ira, pero sí perdí mi energía habitual. Sin embargo veo a mi alrededor el caos y hoy puedo decir que me siento más fuerte. Hace un año probablemente no hubiera sido capaz de sobrellevar lo que vivo y bendigo hoy. Por eso sigo pensando en la Vida como un rompecabezas en el que tarde o temprano, las piezas llegan a calzar. De nuevo la lección de ser paciente, de saber esperar: "todo llega para aquellos que saben esperar".

No estoy sola. No soy la primera ni seré la última. Aún me queda un largo camino de aprendizaje. Nunca me importó golpearme, o herirme en el proceso, porque se trataba sólo de mi, pero ahora no se trata sólo de mi. Se despertó en mi el instinto de protección, y entiendo tanto a una madre como a una bestia cuando proteje a sus cachorros. Mi Alma, mi Vida y mi Corazón están interconectados y alerta. Ahora duermo con un ojo abierto, y uno cerrado. Y el ojo abierto está en mi espalda. Un tercer ojo violeta mira de noche entre mis cejas.

Ahora siento más fuerte el latir de mis dos corazones, y todos mis sentidos se han afinado. Es como si la Madre me hubiera preparado para esta nueva etapa, mientras la Abuela me susurra al oído sus secretos ancestrales. No queda más que dejarme llevar por esta danza de la realidad. Hice lo que debía, hice lo que se me dictó desde adentro. Ahora sólo queda esperar. Nada más que esperar. No me dejaré confundir. Cada proceso de transformación es distinto. Cuando un volcán derrama lava y piedras, tiempo después se convertirán en terreno fértil.


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