miércoles, febrero 10, 2010

Y la Vida que te devuelve una sonrisa



No es la primera vez que lloro en el bus. Intenté detenerme, pero el dolor de cabeza me lo impidió. ¿El motivo? El de siempre: me angustia mu situación económica. Hace seis años me contrataron con el mismo salario que estoy ganando ahora. El costo de la Vida, claro está, no es el mismo. Entonces pude mantenerme sola. Ahora, aunque vivo con mis padres, el dinero nunca me alcanza. Cuando estoy a punto de salir de mis deudas, adquiero otras, para poder llegar al final de la quincena.

Traté de desviar mis pensamientos, cuando se subió al bus un muchacho con una sonrisa enorme, una boina y una guitarra. Rasgó las cuerdas desde el alma, cantó con el corazón. De nuevo lloré, fue inevitable. Pero también fue inevitable sonreír. Yo haciéndome líos y este tipo feliz de la Vida, con su guitarra y sus ganas y unas cuantas monedas en su bolsillo: las que pasó recogiendo después.

2 comentarios:

Vania B. dijo...

El de arriba aprieta pero no ahoga. Muestra de aquello es que te manda sonrisas cuando menos lo esperas.

Un abrazote.

Noctámbulo Desesperado dijo...

No te apenes. Tienes todo el derecho de llorar y sentirte mal cuando adviertes que la vida no es todo lo generosa contigo. Aunque veas alrededor personas felices en medio de desdichas, no significa que vos debas ser igual. Eres un ser humano independiente, libre para perdonar o no perdonar cuando lo desees, para quejarte o agradecer a la vida. Todo es válido. TIENES DERECHO de exigir estar mejor. A mí a veces me pasa lo mismo y oprimo mis puños contra el zacate y lo arranco y lo arrojo al viento y lloro y me pregunto si un día llegará una luz nueva y me iluminará. ¿Y sabes qué? No escucho respuestas, entonces me miro y sonrío porque entiendo que estoy solo, entonces mi yo interior toma fuerzas renovadas y me empiezo a sentir mejor.