jueves, noviembre 03, 2016

La partida de un amigo



Solíamos ir a La Villa al salir de la bodega del Girasol, a armar con Pablo y Sergio cadáveres exquisitos. Así que decidí que era la mejor forma de despedirlo. Juanca, Pablo y yo, le escribimos un cadáver exquisito, y logré que el sepulturero lo metiera en un huequito y lo cubriera con cemento. Los actos simbólicos, sanan, diría Jodorowsky.

Pocas personas he conocido con esa capacidad de reír y de sonreírle a todo, y encima de hacer reír, porque eligió la comedia. Pero sus primeros pasos fueron en el grupo de Teatro Girasol  (Gi-ra-sol, no Giratablas). Cuando yo entré, en el 97', ya Sergio era de los mejores. Aunque cuando vi la primera versión de Zuzanka, todos eran buenos. A muchos, el Girasol nos marcó, pero pocos se atreven a hacer de su pasión, su Vida. Quienes viven intensamente se despiden rápido, porque ya cumplieron su misión en esta Vida. - Es que Sergio ni siquiera podía comerse un Halls tranquilo, me dijo Pablo, tenía que comérselos todos.



Pocos días antes de que lo internaran, Andrea y yo lo vimos saliendo de la grabación de La Mandarina . Nos contó de lo feliz que estaba de poder actuar en televisión, y representó entre risas, su personaje. Nos presentó a su esposa... y no recordó mi nombre. Como es común que la gente confunda mi nombre, no sospeché nada. A los días me contaron que estaba internado en el hospital y le di seguimiento a través de la página de FB . Conmovía verlo tan positivo, realmente yo esperaba que fuera a despertar... Como dijo Laura, su hermana, nos deja una lección, y hay que hacerle caso. Nos deja la lección de hacer lo que se ama, y yo añadiría, de vivir intensamente, como si cada día fuera el último, de reírse de todo, de no tomarse todo tan en serio.

Al salir del cementerio y despedirme de Juanca y Pablo, y de pedirles que por favor nos veamos más a menudo, busqué en San José un lugar donde almorzar. Me sirvieron medio arroz con pollo que parecía más bien uno y medio. No comí mucho: no tenía apetito y tenía que irme a trabajar. Una señora que estaba cerca mío tomándose una cerveza me dijo: - Coma, coma, mamita, que los muertos ya se fueron, no se vaya a hacer anoréxica. Y luego me encomendó a todos los ángeles. Antes de llegar al cementerio, el chofer del bus me salió médico y filósofo. Yo tenía prisa por llegar. - La gente necesita un stand by, me dijo. Tanto stress, y el primero que sufre es el colon. - Ya pasé por ahí, le dije, sonriendo.

La Muerte nos enseña tanto de la Vida... Ojalá permitiéramos que la Vida nos enseñe más de la Muerte.


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