martes, julio 01, 2008

¿Will & Grace?

Hay personalidades de personalidades como hay tipos de relaciones. Es un lugar común decir que los verdaderos amigos son pocos. Que para la fiesta sobran los compas, pero para los momentos difíciles, pocos están. Y, bueno, no deja de estar lejos de la realidad... Sin embargo, me enorgullezco de tener amigos maravillosos.

Uno de ellos, precisamente empezó siendo amigo de fiestas, en una época en la que viví en la playa, y fiesta implicaba bañarnos en cerveza, pasarla de boca en boca (en el sentido literal), bailar hasta el amanecer, y tomar la micro para regresar a trabajar al día siguiente... oops! ¡Ya había amanecido! Nos hacían rueda cuando bailábamos (yo era la única chica), y cuando invocábamos el "¡juego!, ¡juego!"... Pero curiosamente, cuando el juego era entre los bailarines, los espectadores empezaban a disminuir...

Desde entonces, a mi amigo y a mi se nos hizo costumbre saludarnos de beso en la boca. Sin malicia, ni segundas intenciones. Aunque no niego que juego con el deseo como se podría jugar con una bola de cristal... Peeeeero, resulta que ambos, aparte de nuestra amistad, compartimos el gusto por los hombres.

Incluso él tiene su propio Mr. Big, y es ahora cuando entiendo a mis amigas y su frustración al tratar de liberarme de semejante personaje: no sólo a nosotras nos pasa. Con la diferencia, que dicho personaje no me puede ver ni en foto: una muestra más de su inseguridad.

El sábado por la noche, mi amigo me sorprendió con una rosa a la salida del teatro. Me di cuenta de que ninguno de mis novios se había tomado esa molestia, aún sabiendo lo que me gustan las rosas. Luego me enteré que estuvo a punto de no ir, pues se la pasó en una crisis existencial todo el fin de semana (secuelas, diría yo), y sin embargo estuvo ahí, y me esperó con su sonrisa al final de la función.

Así como nos podemos pasar el tiempo en una improvisada sesión de fotos, y sólo a él se le ocurre que me puedo parecer a Angelina Jolie, al momento me destruye por cómo luzco en la foto de mi cédula de identidad. Y nos reímos hasta que nos duele la panza.

Y más tarde, después de comer helados de macadamia, me dice mientras fumamos que se siente sólo. Sé lo que es estar acompañada o rodeada de gente y sentirse sola. Pero no lo estás, le digo. Heme aquí. Lo mismo me dice cuando le confieso que también me siento sola, pero tan sólo un poco. Hace un tiempo que dejé de desear tener hermanos. Tengo amigos que valen por hermanos. Y él es uno de ellos.

3 comentarios:

Federico dijo...

Y de entre todos, los menos. los unos, son los mejores. Un beso Cristibel, gracias por compartirnos.

Ladybug dijo...

Ay pero qué bonito... hasta envidia me da!

Francisco Duran dijo...

aunque se aleja mucho de mi propia realidad, por alguna razon me senti identificado con la historia. debe ser que a todos nos pasan cosas parecidas...