domingo, noviembre 11, 2007

Ansiedad

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Ya la lluvia no es el sonido ambiente de un momento perfecto. Cierro los ojos en el trayecto, pero no puedo conciliar el sueño ni el descanso. Paso diez horas diarias en la cama, dando vueltas cuando mi cuerpo me dice que ha descansado suficiente. Quiero que llegue el día esperado. Lo pienso. Y me distraigo al ver por la ventanilla ese lugar en el que nos besamos la última vez que aún teníamos ganas. Por ahí paso todos los días...

El sonido del motor en movimiento me trae de vuelta. Pienso en los proyectos que aún tengo pendientes. Miro al frente. Soy yo la que está en la parte trasera de ese autobús, con los labios rojos y la mirada penetrante... y no Penélope Cruz. Y desde el anuncio me estoy mirando, sentada e inexpresiva, en la tercera fila del otro autobús.

Reviso mi celular y no tengo ningún mensaje, ninguna llamada perdida. La única conversación que tengo es conmigo misma. Me percato de que aún me duele la espalda. No le doy importancia. Ya pasará. Así son los dolores musculares. No voy a dejar de bailar por eso.

Hora de bajarme del autobús. La lluvia aún no cesa. Falta poco más de un mes para llegar a mi ruta fijada. Y me doy cuenta que no he de esperar hasta entonces para ver el Sol. Y es que lo llevo dentro.

2 comentarios:

Libertad dijo...

Que bueno es encontrar gente que lleve la luz por dentro y no tenga miedo de reconocerla...
Que bueno encontrate por acá Cristi! Un beso...

jaguar del Platanar dijo...

ojalá pase rápido esa ansiedad...
es que a veces la ansiedad es como un cólico...causa incomodidad