domingo, octubre 16, 2016

El teatro de la Vida

Mientras la jueza repasaba las declaraciones, un gusanito verde se estiraba y se encogia entre sus cabellos endurecidos por el plastigel. Yo me sentía dentro del País de las Maravillas. Pensaba que en cualquier momento la Reina de Corazones pediría que nos cortaran la cabeza, o que el gusanito verde se convertiría en mariposa o se pondría a fumar un narguile.

Lo cierto es que lejos del País de las Maravillas, en el país más feliz del mundo, la burocracia no permite que se haya resuelto el caso.

Como buena bruja, fui a ver la puesta en escena en noche de Luna Llena. Fue surreal tanto hiperrealismo. Fuimos testigos de una realidad muy lejana a la nuestra: disparos, sangre, muerte, guerra. ¿Qué es la guerra? La incapacidad de resolución de conflictos. 

El ver la muerte tan de cerca esta semana me sensibilizó de una forma que la muerte representada en un escenario, me hizo sentir compasión.

Él y ella se ven iguales cuando duermen. Sin embargo lo sentí tan lejano, tan ajeno... Pobre ser humano que no es capaz de abrir su corazón. Pobre ser humano que no es capaz de asumir la Vida, de dejarse llenar la cara de besos babosos, de risas que se ríen de la risa misma, de juegos inventados, de esos abrazos que te rodean con brazos y piernas, de esas pupilas que crecen en un pozo color ámbar cuando te miran, 

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