lunes, mayo 27, 2013

Remendar el vínculo



Hace nueve años, cuando vivía en la playa y mi Vida era toda fiesta, amores y desamores, sentía, como siempre, la necesidad de encontrar mi centro. En esa búsqueda, fui a buscar una bruja al pueblo más cercano. Mi día libre cayó domingo, y aparentemente para las brujas también lo era, porque la única que encontré dispuesta a ayudarme me cobraba 20 rojos por atenderme, siendo día feriado. Me pareció exagerado, y me devolví a la plaza del pueblo para pedir ride. Casualmente, el que me llevó de vuelta a Paradisus era uno de los hijos de la bruja. No recuerdo con detalle de qué hablamos, pero tuvimos una conversación filosófica sobre la Vida y el amor, que me hizo pensar que todo lo que yo necesitaba era ser escuchada, y no de los servicios de una bruja.

Algo así sentí ayer al medio día, cuando decidí hacerle caso a mi madre, y cocinarle a mi papá antes de salir con mi beba. Se trata del amor, se trata de hacer las cosas a partir del amor y no de la ira. ¿Qué pasó con la niña y el padre que se amaban? Se separaron en los laberintos de la adolescencia, y la mujer en la que me convertí, se separó por completo de la idea de mujer que él tenía para mi.

¿Qué tiene que ver esto con la bruja de un oculto pueblo guanacasteco y con la playa y mis desamores? La búsqueda. El sábado en la tarde llevé a mi beba a un temazcal, una especie de sauna en donde se realiza una limpieza espiritual de tradición maya. Quise ir porque la intención sería trabajar el "linaje masculino", es decir, la relación con tu padre, el padre de tu padre, y el padre de tu padre de tu padre. Justo lo que necesitaba. Con Ámbar estaba tranquila porque en su primera vez ella actuó como si estuviera familiarizada con los temazcales, y yo me fui en el viaje de que es un alma vieja, según me dijo la abuelita maya que la bautizó. Pero esta vez, desde antes de entrar al temazcal, estuvo llorando, súper inquieta, y tuve que salirme con ella al iniciar "la segunda puerta". Entre la bebé de tres meses que lloraba a mi izquierda y la mía, no pude escuchar nada.

Al día siguiente, mientras le cocinaba a mi papá, a pesar de que mi amiga Marcela nos estaba esperando y se hacía tarde, entendí que no necesitaba ir tan lejos para remendar el vínculo con mi padre. Es en las acciones cotidianas que puedo acercarme a él. Luchando contra mi misma para no pelear, pero sin callarme lo que pienso como lo hace mi madre. Encontrar el equilibrio. Y ahora que ambos están atravesando esa etapa de la Vida tan temida para mi, la de la vejez, es cuando me corresponde recordar esos niños que fueron, y a los que visitó mi alma cuando los elegí como padres.

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