Ahora es más que una promesa de no olvidar jamás que lo fui. No puedo dejar de jugar. Lo difícil es que... nunca me gustó perder. Ahora me toca admitirlo, y punto. Perder es también avanzar una casilla, no precisamente retroceder.
También me encanta jugar escondido. Y no ser encontrada. Ahí es donde el juego adolescente no cabe... porque el objetivo es otro...
Y mirar donde no se ve, y descubrir lo que supuestamente no existe. Soñar, sigue siendo para mi completamente válido (y terminé hablando como un adulto)...
3 comentarios:
Una ventaja (desventaja?) de tener esa niña en una supuesta adultez es percibir lo maravilloso en cosas aparentemente sin sentido...encontrarle sentido a una fila de hormiguitas, ver formas en las nubes o reirse como loca sin sentido aparente....
Me encanta jugar a ser niño. Para mi siempre sera un escape a la cotidianidad que nos rodea.
Lo extraño es cuando en algun momento quiera petaerle las espinillas a una amiga para decirle que me gusta.
^^
Una viva muestra de que la edad la define el espiritu y la mente... no los años...
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