Tenía sólo unos días de haberte conocido, y nos habíamos citado para ir esa tarde por un café.
No acostumbro hacerlo, pero llegué unos minutos antes, así es que entré por un momento a la Iglesia. Hay un aire ahí adentro que no se respira en ninguna otra casa. Caminé lentamente, viendo como la luz se quebraba al entrar por los vitrales. Quizás encendí una vela..., caminé frente al altar, y salí por el lado opuesto.
Seguramente me vería extraña en la entrada de la Iglesia, vestida toda de negro; leyendo un libro como si estuviera en el parque. Pero sólo te estaba esperando.
Llegaste, y una vez que nos sentamos en el café, cambiamos los cafés por dos copas de vino. Tinto para ti, blanco para mi. Escogimos una ensalada para compartir. Creo que tenía queso de cabra. No lo recuerdo ya. Sólo lo que decían nuestros ojos, el calor que se evaporaba por encima de la mesa, y las canciones que sonaron esa tarde... No imaginé que las recordarías... diez meses después.
miércoles, noviembre 09, 2005
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3 comentarios:
:D Felicidades.
(celébrelo! jeje)
Cool, uno de tantos detalles que le dan sentido al compartir el tiempo con alguien
Asi es, recordar es bueno. No solo las cosas buenas, sino todo lo que la mente procesa.
Saludos!
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