sábado, enero 31, 2026

Costa Rica está rota

 En el Día Nacional de la Poesía


Costa Rica está rota,

yo estoy "hipomaníaca",

mi hija está internada,

y a mi hijo le cortan las alas.

Mi madre es libre, 

pero está atada.

Mi padre lo tiene todo,

y en su  mente no tiene nada.

Costa Rica es democrática,

pero hay que romper los hilos,

el silencio del silencio puro.

Quiero amar de forma libre,

pero sólo soy una mujer,

presa del sistema y el Patriarcado.

Costa Rica está olvidada,

entre la desconexión,

la deshumanización

y el individualismo.

Tomar el camino difícil,

nos permitirá llegar

al jardín de flores.

Sobre la tapia entejada,

está la esperanza de un pueblo.

En el corazón de la Negrita,

está enterrada su fé.

En el campo se siembran batallas,

en el Horizonte nace el Sol,

y en el Cielo brilla la Luna de nieve:

que no se congelen nuestros sueños.



viernes, octubre 18, 2024

Consuelo

Que recuerde el camino de mis lágrimas, que recuerde el dolor del corazón, cuando caen sus pétalos marchitos.

Que recuerde el golpe de su indiferencia, que recuerde donde habita el olvido.

Que recuerde, la caricia del Sol, la sonrisa de la Luna, el césped mojado bajo las plantas de mis pies.

Que florezca de nuevo, en el amor que para mi guardo. 

Que reverdezca mi alma, que me hagan brillar de nuevo las estrellas.

Que sea una con el bosque que una vez acogió mis ausencias.

domingo, febrero 12, 2023

Destello

Una estrella en medio de un cielo en decadencia, es un poema, Siempre me han fascinado los atardeceres: son principio y fin. 

¿Y si amanecés? ¿Y si me acariciás como el Sol, cuando recién se asoma? ¿Y si soy el rocío que te refresca? ¿Y si nos evaporamos? ¿Y si nos peredemos en una nube? Que nos dore la luz, que nos encontremos, como cuando la Luna y el Sol habitan el mismo cielo.

martes, julio 05, 2022

Totora

En un pequeño pueblo llamado Totora, creció una niña llamada Alcira. Era un pueblo campesino, pero educado. Su padre, un rico venido a menos, por malas decisiones financieras, se alejó de su hermano, e hizo su Vida con su esposa e hijos.

Había en ese pueblo, pianos en algunas de las casas. Puedo imaginar los dedos de la pequeña Alcira, acariciando las teclas del piano, con la suavidad del Sol cochabambino a través de la ventana de la sala de su casa. Puedo imaginarla corriendo por el campo, recogiendo flores para hacer ramos. Puedo verla jugando con su muñeca de porcelana, y a sus hermanas arrebatándosela. Puedo ver sus hermosos ojos grises llorosos, y puedo verlos también llenos de alegría cuando su padre llegaba a casa al final del día, o cuando su madre preparaba masitas para el té de la tarde. 

Así creció la Alcira, hasta que llegaron los tiempos de escuchar música en la rocola vieja, hasta que sus hermanas esperaban ansiosas los domingos para ver los muchachos a la salida de la misa. Ella no. Distraída la tomó mi abuelo por sorpresa, un día que recogía flores en el jardín. Se miraron, como cuando se miran las almas gemelas que se reconocen. Sólo alguien que ha visto la mirada profunda de unos ojos negros, sabe lo que pudo haber sentido la Alcira al dejar caer las flores en el suelo. Ni lento ni perezoso, el Hugo se apresuró a recogerlas. El instante en que se tomaron de las manos, con las flores de por medio, debió haber sido eterno, porque fue roto por el llamado insistente de su madre.

- ¡Alcira, Alciraaaaa!

Altagracia, su madre, salió al portillo, y se quedó viendo de arriba a abajo al Hugo, y lo hizo temblar, porque sólo una mamma sabe mirar así. Se sacudió las manos llenas de harina en el delantal, bufó y se dio media vuelta. Alcira le regaló una última mirada al Hugo, bajo sus largas y hermosas pestañas, y entró tras la mamma, a la casa de sus padres. Comprendió entonces, al trenzarse el cabello rubio antes de acostarse, la premura de sus hermanas por escoger el vestido, empolvarse las mejillas, o perfumarse el camafeo. Se sonrió, sola, pensando en el muchacho de la mirada profunda, y quién sabe qué soñaría esa noche, la muchacha del lunar junto a la boca...

lunes, junio 13, 2022

Lento

A veces, sólo querés ir más lento... sobretodo cuando has corrido tanto, que se te desgastan las suelas, los talones, las ganas de seguir corriendo...  En esta carrera contra el tiempo, tomarse tiempo para una misma puede ser egoísta, sobre todo cuando hay tantas responsabilidades. Pero no nos enseñaron que es amor propio, que si descansamos o nos encontramos con nuestra soledad, las tareas resultarán más sencillas, llevaderas, e incluso, ¡sí!, podemos disfrutarlas. ¿Por qué cuando se habla de trabajo no se habla de placer? El trabajo debería ser placentero. O al menos, proporcionar satisfacción personal. Y, que además nos paguen, ¡y que nos paguen bien!, siempre y cuando seamos buenos o buenas en lo que hacemos.

Han pasado más de dos meses desde que escribí ese primer párrafo. Si vemos la Vida como una danza, a veces toca ir más lento, otras más rápido. Algunas veces toca llevar, otras dejarte guiar...

Hoy es el Día del Escritor y la Escritora. Mi sueño de niña. Empecé escribiendo: "Querido diario..." , "Querido Dios..."

Hoy seguiría así: Me reencontré con la casa de mis primeros recuerdos. Mi papá dice que ya no existe, que ahora es un parqueo. Yo la recuerdo tal cual, aunque esté pintada de color salmón. 

domingo, febrero 06, 2022

María

 Para Ámbar, Marcos y Leo.


Subiendo la montaña, va María. Despacito, despacito, tras ella, van sus llamas: T'ika, Tuta, Inti y Tambo.

En su aguayo, María recoge hierbas medicinales, mientras sus llamas pastan. Palo piche, tepazán y cocolmeca. De su bolsita toma unas hojitas de coca para mascar. Eso le da energía para todo el día. Eso y su almuercito de quinua.

En la montaña, María ve pasar el día, ve el cielo azul celeste cambiar de colores, hasta que cae el Sol, y pinta los nevados Andes de rojo y amarillo.

María encuentra una cantuta, y brilla con los últimos rayos del Sol. Se le ilumina la carita y arranca unas flores para llevar a su mamá.

- T'ikaaaa, Tuuuutaaaa, Intiiii, Tambooooo...

Ya es hora de regresar a casa, y la siguen sus llamas por el sendero. Parece que van mascando coca. Parece que van sonriendo. 

En casa la espera su mamitay, que le preparó una sopita. Afuera está su tata, que acaba de regresar de cosechar papas todo el día. La reciben con sus sonrisas blancas y María corre a abrazarlos a ambos.


Inspirado en este cuadro de mi abuelo, Hugo Aguirre Macuaga.




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