sábado, enero 29, 2022

El placer de lo simple


 A simple vista es un parque abandonado. Una hamaca cuelga del tronco roto, partido a la mitad. El césped está seco como la época del año. Sólo sirve el sube y baja.

- Suuuube y baja, baja y suuuube. Suuuube y baja, baja y suuuube - le canto a mi bebé mientras sube y baja, sentado en cuclillas, sonriendo con su hermoso camanance.

- ¿Vamos al tobogán, Leo?

Camina despacito con sus pies descalzos. Lo subo al tobogán y se deja caer hasta que le doy un empujoncito. Al bajar, busca subirse por la red de mecate, que hace años dejó de existir. 

Le llamo la atención la hamaca debajo del tobogán. Esa que puso su abuelo hace tantos años ya, para mecer a Ámbar. Está rota y desteñida. A Leo no le importa. Lo mezo tantas veces que pierdo la noción del tiempo viendo sus ojos brillar a través de sus largas pestañas.

- Es una hamaca para bebés. Era de tu hermanita Ámbar. Leo es un bebé. 

- Leo es un bebé, repite con su dulce voz.

Leo todavía es un bebé. Mi bebé. El mismo que permite que sonría mi alma, que el Sol me abrace y que me despierte la capacidad de asombro.

viernes, enero 21, 2022

Mi cuerpo habitado


Foto: Sergio Cantillo Malavassi

Mi cuerpo está habitado.

Lo habitan los sueños nocturnos de mis hijos, 

la leche que sale de mis pezones,

las caricias del hombre que amo.


Mi cuerpo está habitado.

Lo habita una bailarina dormida,

una niña que soñaba con ser escritora,

una mujer que murió y nació una y otra vez.


Mi cuerpo está habitado.

Lo habitan historias de amantes de mil y una noches,

arena, Mar y Sol,

y noches de bailar hasta el amanecer.


Mi cuerpo está habitado.

Lo habitan asanas, 

aceites esenciales,

lágrimas y cosquillas.


Mi cuerpo está habitado.

Lo habitan cicatrices,

chocolates, muchos chocolates,

vino tinto y cantonés.


Mi cuerpo está habitado,

por un espíritu color índigo,

intrépido e irreverente,

soñador y emocional.


domingo, agosto 01, 2021

El Oso de la Luna Creciente

"La curandera le aseguró:

-Sí puedo, pero necesito un ingrediente especial. Por desgracia, se me han acabado los pelos del oso de la luna creciente. Tendrás que subir a la montaña, buscar al oso negro y traerme un solo pelo del creciente lunar que tiene en la garganta. Entonces te podré dar lo que necesitas y la vida te volverá a sonreír."

El oso de la luna creciente


Hoy voy a contar mi versión de los hechos. No estuve ahí. Nadie me contó esta historia. Sólo la sentí. 

Mi animal de poder es el oso. El de él también. Lo vi la primera noche que hicimos el Amor. Lo vi claramente, como cuando duermo y veo mis sueños. 

Hace poco lo vi de nuevo. Esta vez era un oso polar. Entonces recordé este cuento. 

Pude ver otro final para la historia de esta muchacha. Vi una muchacha que se quedaba en el bosque. Con el oso. Olvidó al esposo con heridas emocionales de guerra, que cerró su corazón del todo, a la posibilidad de sentirse amado por una esposa más que dispuesta a servirle.

La muchacha y el oso se volvieron amantes, bajo la luz de las estrellas, el aroma de los pinos, dentro de la húmeda cueva del oso. La muchacha se sintió amada, plena, se hizo una con la naturaleza, se adaptó. Su Vida llegó a ser muy diferente a la que tenía en el pueblo, pero... ¿qué clase de vida era esa? Siempre esperando al marido que no regresaba de la guerrra. Y cuando regresó, no era el hombre que conoció. Era un mostruo.

Por las noches, el oso le contaba las historias del bosque. Durante el día, el oso le enseñaba a pescar y a cazar presas pequeñas. La muchacha aprendió el lenguaje de las plantas, y a utilizarlas con múltiples propósitos.

Un día, la muchacha empezó a quedarse dormida por todas partes. Se quedaba dormida cuando recogía fresas, cuando encendía la fogata, e incluso antes de iniciar la pesca. El oso no entendía la razón de su cansancio y estaba preocupado. A la muchacha empezó a crecerle el vientre, entonces comprendió que esperaba una criatura... ¿pero qué clase de criatura? ¿un oso o un humano? ¿mitad oso y mitad humano? Estaba confundida y emocionada al mismo tiempo. Lloraba mucho, y el oso le secaba las lágrimas con sus garras, con mucha delicadeza de no lastimarla.

Llegó el día del parto, y para sorpresa de ambos padres, el bebé era humano... hasta que llegó la noche y se transformó en un osezno. El reto para ambos padres sería enseñarle a ser humano de día y oso de noche. Aprendería a sembrar y a hibernar. De la forma más natural y más mágica, aprendieron a ser una familia. 


domingo, julio 11, 2021

Yo soy la que soy

Siento que estoy lista para 

mudar de piel, de casa. 

Mi hogar está dentro de mi,

desde el fuego de mi útero,

hasta el fuego de mi corazón.

Lato, lato, lato.

Vibro. 

Soy música, aire, viento. 

Soy tierra, aire, flor.

Soy fuerza, fuego, alimento.

Soy agua, armonía, lluvia.


Yo soy la que soy.


jueves, junio 24, 2021

Todos los humanos piensan

Por Yei Hidalgo y Cristibel Leandro

Guión de Radioteatro para el curso de Locución en Línea, de la Escuela DeleFoco

Un pensamiento recorre su cerebro. Es alto, delgado. Camina despacio pues apenas aprende a usar sus piernas.

Tiene barba, desgarbada. Sus facciones son marcadas, con pómulos que sobresalen de su delgado rostro. 

Sus ojos son claros, color miel tirando al ámbar. Se puede ver a través de su mirada inocente e intrigada a la vez. 

Descubre sus manos, como si siempre hubieran estado ahí, pero hasta ahora tienen un propósito.

Rómulo acaba de atravesar un portal del tiempo, y aún no puede comprender quién es y qué está haciendo ahí.

Sumido en sus pensamientos, lo sorprende la voz de un hombre:

Todd – ¡Hey, vos! ¿Quién sos? ¿Qué hacés en esa cueva?

Rómulo – (DUDA) No … lo sé…

Todd deja sus instrumentos de pesca y le extiende una mano.

Todd – Vení, hombre. Te voy a ayudar a salir.

Rómulo está inseguro, pero accede.

Todd – Tomá esto. Cubrite.

Rómulo se viste torpemente, con las ropas que le da Todd. Mientras, Todd enciende una hoguera y cocina el pescado a la orilla del río. Comen en silencio, escuchando el crujir de las brasas.

Todd - ¿No tenés idea de dónde venís?

Rómulo – No…

Todd – Tomá un trago. Necesitás dormir, hombre.

Rómulo toma un trago de whisky. Arruga la cara, pero toma más. Se acuesta, viendo las ramas de los árboles. Oscurece. Todd le extiende una cobija raída, para abrigarlo. Enciende su pipa y ve las estrellas.

Rómulo sueña. Sueña que está a la orilla del Mar. Al caminar, ve un muchacho con su tabla de surf, tratando de sortear las olas para surfearlas. Sigue caminando, y, en la terraza de una casa enorme, ve una chica de unos 17 años tocando el piano. La chica se detiene, y, frustrada, se echa sobre las teclas del piano, llorando. Sigue su trayecto, y ve a un hombre sentado, vestido con traje de oficina, con los zapatos de oficinista tirados a un lado, y los pantalones arremangados. El hombre lo ve, y, en su soledad, le habla a Rómulo.

Charlie – Hola.

Rómulo – Hola.

Charlie – Mae… ¿querés una birra?

Rómulo levanta los hombros y se sienta a la par del hombre. Le recibe la cerveza y se sientan a compartir las cervezas en silencio…

Carlos Luis sale del Mar con su tabla. Está atardeciendo. El cielo se tiñe de tonos rojizos y naranjas. Se acerca a Rómulo y Charlie.

Carlos Luis – Maes… ¿Me invitarían una birra?

Charlie – Diay, si hay para uno, hay para todos.

Ven el Sol ocultarse en el Mar.

Charlie - ¿Cuál de todos se siente más sólo?

Rómulo levanta los hombros.

Carlos Luis – Yo siempre hablo con el Mar. No sé por qué estoy acá con ustedes. Normalmente estoy solo.

A lo lejos, se escucha el piano de Noelia. Y el piano nos trae sus pensamientos:

Noelia – No sé qué hacer con mi Vida. No sé si quiero estar aquí. Quiero irme, pero… ¿adónde? ¿cómo? ¿con qué plata? No quiero tocar nada que sea de mis papás. No quiero reclamos de nadie. Estoy harta de todo y de todos. Si mi piano tuviera ruedas, me iría en mi piano… (SE RÍE DE SÍ MISMA).

Noelia sale de su casa, se quita las sandalias y empieza a caminar, descalza, por la arena. Empieza a oscurecer. Los tres hombres hicieron una fogata en la playa.

Noelia se acerca. Duda. Lo piensa no una, ni dos, sino tres veces, hasta que al fin les pregunta:

Noelia – Maes, ¿me regalan una birra?

 

 

Clase final del curso de Locución en línea

domingo, junio 13, 2021

Aire

 


Aire, por KC Fotografía.


En el Aire nacen las ideas, y también se esfuman. Aire es el elemento de mi hija Ámbar. Es mental. Se lo cuestiona todo. Le atrae la ciencia, el por qué de las cosas. No cree en la magia como yo. 

Cuando era niña, amaba mecerme en las hamacas... Sentir esa sensación de mecerme tan rápido que casi podía alcanzar el cielo, e imaginaba que volaba, como en mis sueños... Cuando regresaba de la escuela o el colegio con mi papá, me gustaba sacar la mano por la ventana y jugar con el viento y la velocidad, formando figuras en el aire. Mis manos bailaban como años después aprenderían Belly Dance, pero con técnica. Esa sincronía de preveer e intuir la realización de tus sueños...

Algún día volaré en un delta. No haría bungee jumping. Tengo mis razones... AMO sentir la brisa del Mar. Me gustaba sentir la sensación del viento helado en mis piernas cuando viajaba en la moto de Mr. Big. No me gusta el frío. Imaginaba que habían telas larguísimas a los lados, y que me rozaban la piel. 

Inhalamos y exhalamos profundo. Inhalamos y exhalamos profundo. Inhalamos y exhalamos profundo. Respirar nos hace sentir vivos. Respirar nos conecta al Aquí y al Ahora. Lloramos al nacer porque dejamos el tibio líquido amniótico e inmediatamente nuestros pulmones tienen que llenarse de aire. De golpe. No es como cuando salimos del Mar y respiramos la suave brisa, no.

Una vez me dijeron que era un Huracán. No lo sé. No sé si me identifico. Igual, a estas alturas no soy la misma de entonces. Ni siquiera soy la misma de ayer.

Aire, soñé por un momento que eras aire... Oxígeno, nitrógeno y alcohol, sin forma definida.




martes, junio 08, 2021

FUEGO


 Foto: William Eduarte.

Todos y todas tenemos un fuego en nuestro interior. Cuando morimos, perdemos la temperatura porque se escapa ese hálito de Vida. Tiene que haber mucho fuego en el parto, mucho fuego al hacer el Amor. Hay fuego en el calor de nuestro hogar. Necesitamos fuego para cocinar nuestros alimentos.

Qué cara pondrían los primeros seres humanos que descubrieron el FUEGO. Sí, el fuego también produce miedo. Lo he visto. Muchas hermanas mujeres fueron quemadas en la hoguera por ser inteligentes, por tener conocimiento. El conocimiento les dio poder... y las quemaron. Sí, las llamaron brujas. 

El fuego se lleva las cenizas de lo que ya fue. Así quemamos las cosas que ya no necesitamos, las cartas que no quisimos entregar o que queremos olvidar. Quemamos también intenciones. Intencionamos con el fueguito de una vela, elevamos nuestro rezo con el fuego de un sahumador. Con un sahumador queman también incienso en las iglesias. 

Hay mucho fuego también en nuestro enojo. El cuerpo se crispa, el rostro se enrojece. Gritamos, somos capaces de golpear... ¿Cómo canalizar esta ira para no lastimarnos ni lastimar a nadie? Ojalá siempre tuviéramos una montaña para subir a la cima y gritar a más no poder para sacar ese enojo, pero... ¿si estamos lejos de la montaña? Respirar, llenar los pulmones de aire, entregar a la Tierra el enojo para que lo transforme. ¿Y si se sale por los poros? ¿Y si reventás porque no podés más? ¿Y si has acumulado tanto que necesitás explotar? ¿Creen que de verdad es mejor contenerse? ¿Por cuánto tiempo? He visto que es peor acumular. Hay que liberar el enojo. Y es de sabios canalizarlo. ¿Cuánto nos falta para ser sabios? Largo camino por recorrer...

Bailo con FUEGO. Lo sentí mucho cuando estuve embarazada de Ámbar. No es casual que haya nacido en el año del Dragón... AMO bailar con fuego. La primera vez quise empezar con velitas de fuego. Según yo la llamita, al ser más pequeña iba a quemar menos. Ni con aislante de calor ni guantes de tela se dejaba sentir el fuego con su intensidad. Aprendí que con los abanicos de fuego más grandes, estaba más lejos de mi cuerpo y podía manejarlo mejor. Aprendí a manejar el FUEGO, a bailar con él, a AMARLO. Me encanta el humo y su efecto sanador. me encanta el vapor del agua caliente...

¡Manténlo prendido! ¡Y no lo dejes apagar!


martes, junio 01, 2021

Tierra

Para conectarse con la Tierra hace falta crear la conexión. La traemos. No es casual que hayamos elegido encarnar en este mundo. 

La Tierra es una madre generosa, abundante, próspera, fértil. Basta con observar la naturaleza para comprenderlo. Tenemos que sanar esa conexión con nuestra madre, la Pachamama, Gaia, como también le llaman.

Donde vivo, pasa el camión de reciclaje. Guardo todo lo que se puede reciclar. Reutilizo lo que puedo reutilizar. Aún no tengo espacio para sembrar, pero tengo plantas en macetas. 

Mi abuelita paterna era maravillosa con las plantas. Tenía un conocimiento profundo de sus usos y sus cuidados. Sabía cuándo debía podarlas. Conversaba con ellas. Su patio y su jardín siempre se mantuvieron hermosos y bien cuidados.


Éste es un tiempo maravilloso para sembrar, para volver a la Tierra. Sembrando honramos a este gran espíritu que nos provee los alimentos y las medicinas. Y no necesitamos comprarlos. Podemos compartirlos con nuestros vecinos, o venderlos, o encontrar en la jardinería un oficio sano en tiempos en los que nos mandan a quedarnos en casa...

Mi compañero y mi bebé son elemento tierra, y sentí esa energía muy fuerte cuando estuve embarazada de Leo. Concretar, materializar, planificar, ordenar. Todos verbos importantísimos para lograr nuestros sueños. Primero tenemos ideas (aire), les damos forma (fuego), luego las ordenamos, las planificamos y las materializamos (tierra), y por último, dejamos fluir las cosas (agua).

Mucho que agradecer a este elemento tan sagrado que nos nutre, nos aterriza y nos acompaña durante este viaje que eligieron nuestras almas.

Fotos: Sergio Cantillo - Malavassi



 

jueves, marzo 25, 2021

Agua

Cuando estoy dentro del Mar, tengo la sensación de que pertenezco a ese lugar. Volver a tierra es lo difícil. En algún momento fui una criatura mitológica marina. Lo sé. No me pregunten cómo. Sólo lo sé. 

Mis emociones se mueven dentro de mi como lo hacen las mareas con los cambios de Luna. Puedo ir a las profundidades. Conozco la oscuridad. He navegado en ella. He luchado por no caer de nuevo. No se lo deseo a nadie. Desde la última vez, me dediqué a sanar, a llenarme de Luz. Dentro del Mar, con los rayos del Sol, los colores de la naturaleza marina se vuelven más iridescentes. Así entra la medicina al alma cuando se toma. La medicina espiritual. La otra, en la que están pensando, sólo es como una droga que te provoca un mal viaje, y con el tiempo, dependencia. Para sanar, hay que ir a la raíz, al origen. Y no, no es fácil. Requiere trabajo. Es como una limpieza profunda. Probablemente salgan cosas que no querás ver o enfrentar, pero una vez que terminés tu trabajo, te liberarás. Y lo más maravilloso, es liberar también a esas personas que ya no están pero que gracias a ellas estás aquí, es decir, tus ancestras y ancestros. Y, todavía mejor, liberás a tus hijos. 

Me dijeron que la espiritualidad es un camino. Por lo tanto no se acaba. Me gusta caminar, pero me gusta más imaginarme remando, en un kayak, a veces con fuerza, otras veces más lento. Cierro los ojos y puedo sentir la sensación del agua mojándome. La adrenalina al hacer rafting en una lancha. Hace mucho que no lo practico, pero sólo darme una ducha me da paz. 

La semana pasada me identificaron con el fuego, y, aunque me gusta bailar con él, amo prender velas y encender mi sahumador, definitivamente soy agua. Algún día, cuando tenga mucho dinero (la fé es lo último que se pierde), tendré un jacuzzi.

Sensaciones deliciosas: flotar en el agua, dejar caer la lluvia sobre tu cara, hacer el Amor en el agua, cuando la espuma del Mar besa tus pies...

Comprender a profundidad tu elemento, fundirte en él es conocerte. Y en el conocimiento de una misma están todas las respuestas.


Foto: Sergio Cantillo Malavassi


viernes, julio 31, 2020

Posparto en tiempos de pandemia




Lloré delante de todos los compañeritos de Ámbar, sus mamás, papás y cuidadores, y de su maestra. Ella me recomendó tomar Sol y agua. Así lo hice. Llevé a mis hijos al único lugar que no está cercado. Le llamamos "la lomita". Y no daré su ubicación, porque en tiempos de restricciones, basta alzar la voz para que te la tapen con una mascarilla o tapa bocas. No es fácil ser un salmón y nadar contra corriente. No es fácil ser una oveja negra en esta sociedad. Lo fácil es caminar con el rebaño, con los oídos taponeados por las estadísticas de muertes del virus en cuestión. Lo difícil es darse cuenta que fueron más los muertos por el AH1N1 y no existían este tipo de restricciones.

Se acerca el 2 de agosto en un pueblo que históricamente ha sido salvado por su fé, y quieren impedirles caminar. Caminar es un ejercicio físico, oxigena el cerebro, libera toxinas, regula la respiración. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario. Para el cuerpo, para el alma, para la mente, para el corazón. Sí, también regula el pulso cardíaco. ¿Por qué nos quieren encerrar en nuestras casas? ¿Se lo han preguntado? Soy como una planta, y tal como me lo recetó la maestra de mi hija, necesito Luz, Aire, Agua y Tierra. Que no me cierren los parques para ir a jugar con mis hijos. Que mi bebé Leo pueda dar sus primeros pasos sobre el césped fresco. Que mi hija Ámbar pueda correr, volver a jugar al escondido, al anda... Juguemos en el bosque, mientras el lobo no estás, ¿lobo estás? ¿Quién me va a acusar de querer ofrecerle a mis hijos un lugar para jugar y reconectarse con la Naturaleza? La Madre Naturaleza es la madre de todos y todas. Y está lanzando un grito. Un aullido profundo. Se está reestableciendo, recuperándose, renovándose. Es la parte positiva de que haya restricción vehicular.

Volviendo a la causa de mis lágrimas: fui reprendida por no haber presentado ninguna evidencia del trabajo en casa de Ámbar. Me sentí la peor madre. Reconozco que tengo que organizarme mejor, pero también me reconozco como madre lactante. Cuando Ámbar era una bebé como Leo, salí a las calles con ella pegada a la teta para defender mi derecho de amamantarla en público. Mi derecho y el de todas las mujeres. No fui a una, sino a varias mamatones. Ámbar y yo lo hicimos. Y hablamos frente a los medios de comunicación, y gritamos en las calles. Le enseñé a mi hija desde que estaba pegada a mi teta su derecho de defender sus derechos. El calladita más bonita, no es para nosotras, mi princesa. Nosotras somos mujeres pensantes, creadoras, marchantes, cuestionadoras. Me enojé mucho cuando el mejor amigo del padre de mi hija le dijo a él, refiréndose a mi: - Necesitabas una así, de bajo perfil. 
¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!! Entonces me volví mediática. Mi hija y yo teníamos (y tenemos) mucho que decir. Y, me contradigo. Ahora tiene la delicadeza de preguntarme: - ¿Puedo decirles que el virus no existe?

El miércoles pasado, como es mi rutina. me baño mientras Ámbar está en clases virtuales, y después del baño, duermo a mi bebé. Sí, dándole teta. Ámbar no pudo entender las instrucciones. Me necesitaba, y mi bebé también a mi, y yo a él. Quiero tener el derecho a amamantarlo y cuidarlo como cuidé a Ámbar, sin sentirme una mala madre por no ponerle suficiente atención. Quiero tener el derecho de dedicarme a tener tiempo a solas conmigo misma, con mi pareja. He llorado tanto en las últimas dos semanas, que tengo bolsas debajo de los ojos. QUIERO SER MADRE LIBREMENTE PORQUE YO ELEGÍ CONSCIENTEMENTE TENER DOS HIJOS. Y una de las principales razones es porque quise vivir una historia diferente. Y la estoy construyendo, la estamos construyendo, aún en medio de la pandemia, siento que he ido superando obstáculos uno a uno. No, no es fácil. Y quiero abrazarme como quiero abrazar a todas las madres que están en sus casas, tratando de lidiar con las guías autónomas, Teams, los quehaceres domésticos, los hijos, el trabajo, los estudios, la familia, sus parejas o la ausencia de ellas... ¡consigo mismas! Porque somos cíclicas y aún a estas alturas hay mujeres que desconocen sus ciclos. Yo misma, aún habiéndolos vivido y estudiado había olvidado algo tan básico como que soy una mujer puerpera, es decir, en etapa de postparto, y que, esta etapa, de acuerdo a Laura Guthman en su libro: Maternidad y el encuentro con la propia sombra, dura aproximadamente dos años y medio, cuando el niño o la niña son conscientes de que son individuos y no una unidad con su madre. Y, como mujer puerpera, mis hormonas están hechas un lío y por eso, estoy hecha de material sensible, y con todo lo sensible que puedo ser en esta etapa, tengo que adaptarme. Y he sido etiquetada por mis propias amigas de hipersensibilidad, cuando ellas mismas fueron madres lactantes, madres puerperas, mujeres hormonales, que vivieron sus maternidades de distintas maneras, porque todas somos distintas, como los colores que no podemos distinguir porque el iris de nuestras pupilas no nos lo permite. Y respetar la forma en la que cada una decide vivir su maternidad, es AMOR. Y que la sociedad te permita vivir tu maternidad como te nace de las entrañas, ES TU DERECHO, MUJER. Y te lo digo con los ojos llorosos y firmo con la leche que sale de mis tetas. Y no firmo con la sangre de mi menstruación, porque aún no ha regresado, porque amamanto a mi bebé, y lo amamantaré el tiempo que él y yo decidamos, porque ya me gané ese derecho en las calles de mi país cuando mi hijita Ámbar mamaba mi leche y mis ideas, y mis consignas a VIVA VOZ. 

domingo, julio 05, 2020

Adaptación a los cambios



Aparecían una a una. Siempre a la misma hora, cuando ambos estábamos aún despiertos, trabajando, estudiando, a ratos compartiendo, mientras los niños dormían. 

Las detesto. 

Mi mamá me cuenta que cuando nací en la Carit, las cucarachas caminaban por las paredes. Ella estaba aterrorizada. Encima las enfermeras y los doctores estaban en otras. Sí, ella sufrió violencia obstétrica. Escuchó frases como: "Ahora está gritando.., ¿y cuando abría las piernas?". ¿Fuerte, no? ¿Por qué se culpa el placer? ¿Qué tiene de malo disfrutar? ¿Y por qué no se respeta un momento tan sagrado como el parto?

Mi segunda experiencia traumante con las cucarachas, fue cuando, en segundo grado de primaria, hicimos un chanchito a partir de un globo, cubierto con capas de papel periódico y goma. Al final lo pinté de rosado, mi color favorito. Me llevé la desagradable sorpresa de encontrar una cucaracha en mi cuarto. Cuando mi papá la aplastó, soltó la pintura rosada... Sí, fue asqueroso.

La tercera experiencia, me lleva a mi primer embarazo, cuando, hablando por teléfono con el padre de mi hija, apareció en mi cuarto una cucaracha voladora. ¿Pueden escucharme gritar? Él se burló de mi. Se burló de mi fobia. Las embarazadas están hechas de material hormonal sensible. Que lo diga yo que tuve dos embarazos. Fobia mezclada con dolor e impotencia.

Cuarenta y un años después de mi primer encuentro con estos seres vivos, se me ocurrió finalmente buscar su significado como animales tótem. Me sorprendió descubrir su gran capacidad de adaptación a los cambios. Y esta cualidad, es la que se me quiso enseñar, a través de estos insectos. No voy a llover sobre mojado explicando o compartiendo las implicaciones de esta pandemia. Existe sobreinformación. Lo que rescato de la principal cualidad de las cucas, es su capacidad de sobrevivencia. Y nosotros y nosotras, seres humanos, también la tenemos. Basta revisar un poco sobre Geografía e Historia para darnos cuenta a lo que hemos sobrevivido tras generaciones. Esa fortaleza, está impresa en nuestro ADN. 

Y, cuando me tocó ver una rata esconderse en la alcantarilla del apartamento que compartimos, recordé, señores y señoras, que no por casualidad, éste es el Año de la Rata

Ahora, con qué actitud enfrentamos los cambios, depende de nadie más que de nosotros y nosotras mismas.

Y, curiosamente, las cucarachas dejaron de aparecer en cuanto comprendí el mensaje y lo apliqué a mi Vida.


martes, mayo 26, 2020

LOVE WINS


Que todas, todos y todes tenemos derecho a amarnos por igual, a protegernos y cuidarnos mutuamente frente a la ley. El principio es simple: si yo puedo manifestar el Amor en público por mi pareja, ¿por qué los demás no? Si tengo derecho a casarme si así lo elijo, ¿por qué los demás no?

martes, mayo 19, 2020

El ala derecha de Psiquiatría

Llegué a ese punto en el que se deja de sentir. Tenía tanto cansancio acumulado, tanto estrés, tanto dolor, tantas deudas. Deudas que me provocaban ansiedad. Ansiedad que me provocaba insomnio. Insomnio que me provocaba agotamiento mental y físico. Luego las voces... mis miedos: no poder pagar la renta, las cuentas... No dar abasto con tanto. La gata despedazó el sillón en el que nos encontrábamos. Mi corazón también estaba hecho jirones. Intentando construir una historia de Amor, me sorprendió otra. ¿Tan difícil es crear una familia? Sé que él tuvo miedo, como muchos otros. Yo también he sentido miedo, pero... ¿es posible ser tan mamífera? Recuerdo en ese entonces visualizar lo que viviría tres años después: él sujetando un bebé entre sus brazos, vestido con bata de hospital. Cuatro. Cuatro. Cuatro. Ahora somos cuatro. En esa época éramos dos, intentando ser tres. Con espacio de sobra. Espacio para las sombras. Espacio para los fantasmas, para ver su silueta acercarse a la orilla de la ventana. Y ver la cara de terror de la vecina, sorprendida, pensando en que lo mejor que le pudo haber pasado fue haber vivido un aborto, provocado por                                                                 un acosador de la calle. 

Cuánta violencia. Cuánta violencia nos metemos en el cuerpo. Cuando entré al ala derecha de Psiquiatría, vi un cardumen de cuerpos mutilados, de heridas sangrantes, de heridas cicatrizadas. Mujeres cansadas, muy cansadas de vivir, con los sueños desteñidos, como las sábanas del hospital. ¿Dónde había quedado su aliento? ¿Pueden realmente inyectarnos Vida a través de una colección de pastillas multicolores? A mi me inyectaron un sueño profundo, que me hizo despertar con los ojos sobresaltados, sin saber dónde estaba ni por qué estaba ahí, rodeada de mujeres desaliñadas que me miraban con cara de signo de pregunta. La argentina, como le llamaban, descubrió mi sopor, y me trajo a tierra, si es que se le puede llamar así a esa tierra de nadie. ¿Qué saben psiquiatras y psicólogos del terreno de la mente? Para llegar a los agujeros negros de cada cabeza, ¿se puede navegar a través de un test obsoleto? No necesariamente. A la más joven la vi amarrada, negándose con la vitalidad de sus 18 años a ser sometida a la fuerza. La vi caminar con una bolsita que recogía sus orines, mientras arrastraba sus ojos apagados bajo sus grandes pestañas. 

Trenzas. Las mujeres nos hacíamos trenzas. Evelyn le pidió a la más joven que le hiciera una trenza francesa y hasta se maquilló para esperar a su marido. A mi me visitaron mis papás y una tía lejana me llevó un libro cristiano que fue la salvación de muchas almas creyentes que habitaban esa vieja sala.


CREER. Es lo que queda cuando perdés toda esperanza de Vida. ¿En qué creemos? ¿Es posible creer en algo cuando todo dejó de tener sentido? Drogadas para controlar los impulsos, las emociones. ¿Eso es sanar? Sanar es llegar a la raíz, arrancar la maleza. Morir al fin para volver a nacer. Todas y cada una de las que estuvimos internadas durante esos días lo supimos. 

Yo me asomaba por la ventana del baño para sentir que mi espíritu viajaba libremente hasta Casa del Arcoiris. Recién entiendo por qué el confinamiento al que nos sometieron en esta pandemia me desató la locura. Soy libre. Como la mariposa, el delfín en Venecia, la Pachamama palpitando nuevamente sin el peso de la Humanidad encima. Libre como mi deseo de ir a meter los pies en la espuma del Mar. Libre como el aire, como el río golpeándose entre las piedras y salpicando la cara. ¿A qué nos quieren someter? ¿Por qué nos infunden miedo en el 2020? ¿Por qué nos atrapan con la excusa de un virus que habita el aire? Reglas. Mantener dos metros de distancia. Usar mascarilla. Quedarse en casa. Quedarse en casa. Quedarse en casa. Encierro. Encierro. Encierro. Encierro dentro de las cuatro paredes de mi mente. ¿Dónde estoy realmente a salvo, si no es bajo la sombra de los árboles? ¿Dónde puedo volar si no es donde me lleven mis pies? 


María del Rosario, 2002. Lectura actuada por Grupo de Teatro Girasol
Fotos: Bernard Arce.

jueves, enero 30, 2020

El parto de Leo

Para todas las mujeres que desean tener un parto humanizado (y para sus parejas también).




Cuando tuve a mi hija mayor, Ámbar, supe que quería tener dos hijos. Tenía dos razones importantes para mi. La primera: que se hicieran compañía en las distintas etapas de su Vida. Soy hija única y no es tan divertido como se imaginan... Cuando era niña muchas veces regresé a mi casa llorando porque no tenía con quién jugar. Por esas épocas acostumbraban castigar a mis vecinas y vecinos. Y terminaba castigada también porque no podía jugar con ellos. Pero hoy no estamos acá para hablar de mi niñez, sino del parto de mi hijo Leo... ¿La segunda razón? Quería tener una historia diferente: quería saber qué se sentía tener un compañero a mi lado, apoyándome, durante mi embarazo, mi labor de parto, la crianza de nuestros hijos... Aunque no lo crean, a mis 41 años, aún no he convivido con ninguna pareja. Tampoco me he casado. "Hago las cosas al revés", eso dicen...


Canción de mi infancia en su versión original.

Pasaron 7 años hasta que finalmente conocí a Enrique, el papá de Leo, con el que me acabo de comprometer. ¿Por qué él y ninguno de los anteriores? Es como un buen capuchino: la combinación perfecta entre dulzura y amargura. Es realista, me aterriza. Es estructurado, previsor. Fue tan sincero, honesto y a la vez tan tierno la primera vez..., que me enamoré. Nos complementamos. Compartimos los nueve meses de mi embarazo, comimos rico, nos preparamos conscientemente para recibir a Leo con la que fue mi primera doula, Tzila , hasta que llegó el día en el que boté el tapón, el viernes 6 de setiembre.

Mi amiga Eli vino a mi rescate. Me acompañó durante la pre labor, en mi casa, con mi hijita Ámbar. Mi laptop y la música también nos acompañaron. Al final de la tarde, mandé a Ámbar y a Eli en un UBER y yo me fui en otro al apartamento de Enrique. Tzila no pudo estar esta vez. Estaba enferma. Sin embargo, estuvo del otro lado del teléfono, indispensable, como otras dos mujeres: Rebecca Turecky (quien quería que fuera mi partera) y Mónica, mi primera partera. Ésta vez, Enrique y yo estuvimos solos, resistiendo, contando las contracciones con una aplicación en mi teléfono. Compartiendo, comiendo, respirando, amándonos. Sí, el placer disminuye el dolor. No, no me gusta el dolor. No, no quería sentir dolor.




No me gustan los hospitales, lo admito, así que la idea era ir al hospital en el último momento. El sábado 7, en la noche, tomamos un UBER a la casa de Moni, quien me hizo un tacto para comprobar cuánto había dilatado. ¡Tres de dilatación! ¿En serio? ¡Ya me quería ir al Hospital! ¡@$%&!!!! Había dos opciones para dilatar más: regresar a Guadalupe y esperar que dilatara más antes de ir al Hospital, o caminar hasta el Calderón desde Los Yoses. El Via Crucis llegó hasta el Fresh Market de Los Yoses. Iba agarrándome de lo que pudiera en cada contracción. No caminé gran cosa. Nuevamente UBER, ésta vez al Calderón.

Desde la entrada al Hospital nos trataron muy diferente a mi primer parto en el Hospital de San Rafael de Alajuela. Pero también mi energía era diferente... Y eso influye, y mucho (no me crean, compruébenlo por sí mismos). Me sorprendió ver que el ala de Maternidad mejoró. Enrique presentó nuestro plan de parto. Me basé en el Curso de Preparación de Parto de Tzila y Moni, y en el plan de parto de Coral Herrera. Estaba a punto de aceptar una cesárea, cuando otra doctora me llamó aparte, y me dijo: - Vea, usted tiene su plan de parto, las contracciones van a buen ritmo. Puede hacerlo. Obviamente si usted o el bebé corren riesgo, le practicamos una cesárea a último momento. Le contesté, entre contracción y contracción: - Bueno, pero deme algo para disminuir el dolor, por favooooooooor. Tuve que firmar un documento para que me dieran algo que me alivió como si fuera una acetaminofén, porque no estaba incluido en mi plan.

Sin embargo, he de decir que respetaron la mayor parte de nuestro plan. Estaban muy preocupados de que me fuera a caer porque hacía las posiciones más extrañas.Yo les explicaba que soy bailarina, que no me iba a caer. Me permitieron tener mi música a todo volumen. Nos dieron privacidad. Me dieron una bola de pilates y fue un alivio. Gritaba: "¡Ooooooommmmmm!", tanto y tan fuerte, que juraría que se escuchaba en toda la cuadra. Ése fue mi mantra, pero hubo un momento en el que invoqué a Dios. Acaricié mi vientre, le hablé a mi útero. Le dije que tenía la memoria de mis ancestras que habían sabido parir. Le pedí que lo hiciera naturalmente. Sé que el espíritu de mi bisabuela María Fernández, la partera de Cartago, estuvo ahí. No les puedo decir que la vi. Sí les puedo decir que pedí ayuda a todas las mujeres de mi familia que pudieron parir, y que gracias a ellas estaba yo ahí.

Me trasladaron a la sala de partos, y, en contra del deseo del doctor, parí en cuclillas, como una indígena, agarrada de los barrotes de la camilla, en una camilla especial preparada para recibir a mi bebé. Y estaba Enrique a mi lado, como lo pedí años antes, transmitiéndome calma con sus ojos verdes y dándome la mano. Él ha sido el más valiente de todos. Por eso sigue a mi lado. Mi amiga Eli describió después mi parto de la forma más hermosa: "Es de esas cosas que pensás que no vas a lograr y lográs". Y así, a las 2:55 a.m. del domingo 8 de setiembre de 2019, nació mi segundo hijo Leo. Me desgarré, me cosieron, mientras Enrique me aconsejaba que pensara en otra cosa. Y después de unos minutos que se hicieron eternos, pude tener a mi bebé sobre mi pecho durante una hora. Y estuve así, entre despierta y dormida, con oxitocina natural y artificial, entre los dos hombres de mi Vida.



Durante la realización de este relato, me enteré de que acaba de ser aprobada una Ley que prohibe maltratar a las mujeres durante el parto. ¡Me alegra tanto el titular de esta noticia! Si alguien está suscrito a La Nación, agradezco me compartan el contenido.












martes, agosto 06, 2019

Agua y Tierra


Vos me aterrizás, 
yo te ayudo a fluir.

Si te lo permitís,
volamos. 
Si me lo permito,
concreto.

Podría perderme 
en tus ojos
y quedarme
en tus labios.

Deseo descansar
cada noche
sobre tu pecho
escuchando
cómo se expande
tu corazón.





Foto: Sergio Cantillo Malavassi
Vestuario: Andrea Gil

martes, julio 09, 2019

Mujer planeta



Soy un planeta, enorme,
flotando en el espacio sideral.
En mis anillos crece una nueva Vida,
acunándose contra mi superficie.

No flotamos solos,
ahí estás vos, AMOR, 
y en la traslación siento tu abrazo,
que me aterriza.

Pronto seré un planeta con dos satélites,
que se liberarán cuando se conviertan
en un hombre y una mujer.
Mientras, siento la necesidad natural
de protegerlos y amarlos. 

Pronto se desprenderá de mi
mi más pequeño asteroide,
y yo seré como la Vía Láctea,
y como la Osa Mayor.

Y se romperá el infinito silencio
con sus risas y llantos
y la primera vez que lo escuche decirme
MAMA.

domingo, noviembre 25, 2018

Ay, sociedad (en el marco de la Marcha del 25 de noviembre)

Una cosa que he observado, es que en esta sociedad, chinean mucho a los hombres. Es decir, si una está enferma, igual se levanta, atiende a los güilas, va a trabajar, se baña, se arregla y se pone guapa, y le exigen el mismo rendimiento de un mae, o más (ganando lo mismo, con mucha suerte, o MENOS, POR LO GENERAL). Pero un mae tiene una gripe, y están todas y todos atendiéndolo, chineándolo, consintiéndolo, como si fuese el REY. ¿Y nosotras no somos REINAS? ¿No merecemos el mismo trato? Entonces la sociedad me responde: - AMOR PROPIO, chinéese usted, consiéntase usted. Lo hago, y me tildan de EGOÍSTA. 

- Busque amigas, me dice la sociedad. Entonces voy, salgo con mis amigas, y me tildan de LESBIANA. Les explico que estoy enamorada de un hombre, que me quiero casar con él. Entonces la sociedad me responde: - ¿Por qué tan TRADICIONAL? ¿no que muy FEMINISTA? Y le respondo: - Bueno, nunca he estado casada y me gustaría... Y la sociedad me INTERRUMPE: - Mejor tenga un roommate. Y sigo de NECIA: - Que no, que lo que quiero es casarme, que lo AMO, que quiero tener otra bebé, y que tengo 40, y se me acaban los óvulos. Y el Universo me pone enfrente al Amor de mi Vida, y en vez de decirle que LO AMO, me enojo con él... Entonces él ignora todos mis mensajes, mis posts y hasta mi poesía. 

Vuelve el Universo y te presenta otras opciones: los volvés a ver, conversás con ellos y la sociedad te tilda de ZORRA y/o PUTA (aunque sólo conversés con ellos, NI PENSAR que vayás más allá, de lo contrario TE QUEMAN VIVA). Ya después de tener esa ETIQUETA, perdiste los puntos con tu Amor, al cabo que a los hombres, la sociedad les permite tener todas las mujeres (u hombres) que les plazcan, eso los hace más MACHOS, varoniles y sexys. DIOS GUARDE si sos mujer y sos SENSUAL: AVE MARÍA PURÍSIMA SIN PECADO CONCEBIDA: - Tapate, muchacha, DEJÁ DE PROVOCAR, ¿por qué no bailás otra cosa? Respondo: - Porque durante AÑOS me negué a ser YO MISMA, para complacer a mi papá, a mi mamá y a vos, sociedad. Por fin encontré algo que me APASIONA y que hago DESDE EL ALMA, así que SEGUIRÉ BAILANDO, con o sin contractura, con o sin gripe, con o sin accidente de moto. Ya en este punto, o estás CANSADA, o al borde de la LOCURA. - CAPACITATE, dice la sociedad, estudiá. Voy y llevo más cursos, hago mi tercer intento de tesis y no logro conciliar todo sola, entonces PRIORIZO A MI HIJA (que me parece lo correcto), y la sociedad me dice: - BRUTA, ¿cómo perdiste una oportunidad académica y laboral como esa? Y le respondo: - Pues porque no se me ocurre NADA MÁS IMPORTANTE que estar con mi hija en su etapa preescolar, para apoyarla, contenerla, guiarla y ESTAR PRESENTE durante sus primeros años de Vida. 

Y AHORA me pregunto: ¿qué hago con vos, SOCIEDAD? ¿Cómo me concilio con vos para vivir con VOS, y ser FELIZ? ¿Me voy a vivir a Marte? No, sociedad, para allá vas después de la Tierra. Mejor me voy a vivir a VENUS, porque es el planeta del Amor. Y la sociedad me responde:

- Estás loca, necesitás tratamiento, pastillas y camisa de atar.

C.L.A.raluna


jueves, octubre 11, 2018

Táctica y Estrategia, de Mario Benedetti

Mi táctica es 
mirarte 
aprender como sos 
quererte como sos 

mi táctica es 
hablarte 
y escucharte 
construir con palabras 
un puente indestructible 


mi táctica es 
quedarme en tu recuerdo 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
pero quedarme en vos 

mi táctica es 
ser franca 
y saber que sos franco 
y que no nos vendamos 
simulacros 
para que entre los dos 
no haya telón 
ni abismos 

mi estrategia es 
en cambio 
más profunda y más 
simple 

mi estrategia es 
que un día cualquiera 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
por fin me necesites.


                                 
                  Xóchitl. Foto: Luis Alberto Cháves. LACM fotografía.


Asistencia de foto: PHOTO WACH.
Locación: #zorratepek
Dirección, producción y modelo: esta servidora

¿Merezco morir de amor?

¿Merezco sentir que muero por amor? ¿Merezco que me duela el cuerpo, el corazón...? ¿Merezco sentir que se rompe en mil pedazos...? Sé que p...