Aterrizar es duro. El suelo no es el colchón suave sobre el que dormís todas las noches. Y aunque creés en la esencia de estos seres llamados humanos, y confiás en que aún hay algo bueno en ellos: en todos, no podés fiarte, morena, ni del uno ni del otro. Triste realidad, tal vez. Pero quizás con los seis sentidos alerta, podás desplazarte ágilmente del mundo real al de los sueños, como si se tratara de una danza.
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