con su cuerpo firme,
y sin embargo,
no hirió mi piel.
Me arrastré
con el dolor de la culpa,
la misma de los hilos atados
a las ganas de no ser.
Me lancé
con la esperanza,
de que otros hicieran
por mi el trabajo sucio.
Me balanceé
en el deseo
de deshacerme del deseo,
y de toda responsabilidad.
Me pensé libre,
y me sorprendió la Vida,
enseñándome que me correspondía vivir.
5 comentarios:
Y hay que hacerlo, es el camino.
...y uno se cae y se levanta, y se vuelve a caer y se vuelve a levantar
Exacto amiguita. Aunque a veces no quisieramos...a veces, no queda más que ponernos la cabezota y dar la cara.
Los golpes normalmente duelen, pero los peores golpes son los que nos tocan sin avisarnos.
El asunto es no apagar la luz de ese escenario que suele ser la vida
Saludos
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