Sábado por la tarde. Me senté a su lado. Tiene el cabello tan blanco, y sin embargo me recordó tanto a mi abuelita... Sus manos, su piel manchada por los años. Vagaba en quién sabe cuáles recuerdos y de pronto se reía, con dulzura. Miró mi mano, con mi anillo de lunares. Miró la suya, y con mucha dificultad se sacó uno de los anillos que tenía y me lo puso lentamente en mi dedo anular.
Un cuarto para las doce. Yo quería dormir con él y él prefirió dormir con su cama.
Una y media? Le dijo al oído: - Ya conocimos la verdadera escencia de Cristibel. Pensé: - Mi verdadera escencia? Por qué? Porque no le tengo miedo al ridículo? Hay un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. Y ése era el lugar...
Domingo por la tarde. La resaca y el calor no me dejaban dormir. Encendí el televisor. Una madre le explicaba a su niño por qué su padre se había suicidado:
- Hay momentos difíciles en la Vida. Tendremos momentos más difíciles. Lo escencial es no perder la esperanza... Las lágrimas me refrescaron la cara y me calentaron la cabeza.
Más tarde: - No puedes dejarte. Tienes que ser fuerte. Estamos solas ahora. Quién te va a cuidar? - No te preocupes. - Cómo no voy a preocuparme? Me siento impotente. Siempre me he sentido impotente. No sé qué hacer. Tienes que tener fuerza de voluntad, no puedes seguir deprimiéndote. - No llores. Pobrecita, pienso, quizás no sea cuestión de fuerza de voluntad, sino de un desorden bioquímico, y nosotros sin saberlo...
Lunes, camino al trabajo. Y ya estoy cansada. Pienso: Habrá alguien para mi? Y por qué lo pienso? Es importante?