El inquieto tintineo
de sus pupilas blancas
se retuerce
en el eco, del no-silencio.
Percibo entonces un ruido,
constante, perenne,
que no aquieta mis sentidos:
en cambio me mantiene alerta.
Yo habrìa de ser,
un ave,
un pez,
cualquier cosa,
menos una duda atada.
Entonces me retorcerìa
en mis aguas, entre las piedras,
volverìa a la raìz de la copa,
entenderìa la causa,
y el desvelo.
5 comentarios:
Que buena imagen y muy bueno el escrito so de leerte siempre interesante.
Troncos secos, como mis huesos que solo sirven como alimento a las mandíbulas del fuego!
Saludos!
Como siempre me gustó.....Una duda siempre ata, no permite libertad.
sembramos un aaaarbolito! para cuidarlo muuuuuuuuy bien...
Eres lo que eres, las dudas son solo preguntas que no nos corresponden...
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