martes, julio 05, 2022

Totora

En un pequeño pueblo llamado Totora, creció una niña llamada Alcira. Era un pueblo campesino, pero educado. Su padre, un rico venido a menos, por malas decisiones financieras, se alejó de su hermano, e hizo su Vida con su esposa e hijos.

Había en ese pueblo, pianos en algunas de las casas. Puedo imaginar los dedos de la pequeña Alcira, acariciando las teclas del piano, con la suavidad del Sol cochabambino a través de la ventana de la sala de su casa. Puedo imaginarla corriendo por el campo, recogiendo flores para hacer ramos. Puedo verla jugando con su muñeca de porcelana, y a sus hermanas arrebatándosela. Puedo ver sus hermosos ojos grises llorosos, y puedo verlos también llenos de alegría cuando su padre llegaba a casa al final del día, o cuando su madre preparaba masitas para el té de la tarde. 

Así creció la Alcira, hasta que llegaron los tiempos de escuchar música en la rocola vieja, hasta que sus hermanas esperaban ansiosas los domingos para ver los muchachos a la salida de la misa. Ella no. Distraída la tomó mi abuelo por sorpresa, un día que recogía flores en el jardín. Se miraron, como cuando se miran las almas gemelas que se reconocen. Sólo alguien que ha visto la mirada profunda de unos ojos negros, sabe lo que pudo haber sentido la Alcira al dejar caer las flores en el suelo. Ni lento ni perezoso, el Hugo se apresuró a recogerlas. El instante en que se tomaron de las manos, con las flores de por medio, debió haber sido eterno, porque fue roto por el llamado insistente de su madre.

- ¡Alcira, Alciraaaaa!

Altagracia, su madre, salió al portillo, y se quedó viendo de arriba a abajo al Hugo, y lo hizo temblar, porque sólo una mamma sabe mirar así. Se sacudió las manos llenas de harina en el delantal, bufó y se dio media vuelta. Alcira le regaló una última mirada al Hugo, bajo sus largas y hermosas pestañas, y entró tras la mamma, a la casa de sus padres. Comprendió entonces, al trenzarse el cabello rubio antes de acostarse, la premura de sus hermanas por escoger el vestido, empolvarse las mejillas, o perfumarse el camafeo. Se sonrió, sola, pensando en el muchacho de la mirada profunda, y quién sabe qué soñaría esa noche, la muchacha del lunar junto a la boca...

lunes, junio 13, 2022

Lento

A veces, sólo querés ir más lento... sobretodo cuando has corrido tanto, que se te desgastan las suelas, los talones, las ganas de seguir corriendo...  En esta carrera contra el tiempo, tomarse tiempo para una misma puede ser egoísta, sobre todo cuando hay tantas responsabilidades. Pero no nos enseñaron que es amor propio, que si descansamos o nos encontramos con nuestra soledad, las tareas resultarán más sencillas, llevaderas, e incluso, ¡sí!, podemos disfrutarlas. ¿Por qué cuando se habla de trabajo no se habla de placer? El trabajo debería ser placentero. O al menos, proporcionar satisfacción personal. Y, que además nos paguen, ¡y que nos paguen bien!, siempre y cuando seamos buenos o buenas en lo que hacemos.

Han pasado más de dos meses desde que escribí ese primer párrafo. Si vemos la Vida como una danza, a veces toca ir más lento, otras más rápido. Algunas veces toca llevar, otras dejarte guiar...

Hoy es el Día del Escritor y la Escritora. Mi sueño de niña. Empecé escribiendo: "Querido diario..." , "Querido Dios..."

Hoy seguiría así: Me reencontré con la casa de mis primeros recuerdos. Mi papá dice que ya no existe, que ahora es un parqueo. Yo la recuerdo tal cual, aunque esté pintada de color salmón. 

domingo, febrero 06, 2022

María

 Para Ámbar, Marcos y Leo.


Subiendo la montaña, va María. Despacito, despacito, tras ella, van sus llamas: T'ika, Tuta, Inti y Tambo.

En su aguayo, María recoge hierbas medicinales, mientras sus llamas pastan. Palo piche, tepazán y cocolmeca. De su bolsita toma unas hojitas de coca para mascar. Eso le da energía para todo el día. Eso y su almuercito de quinua.

En la montaña, María ve pasar el día, ve el cielo azul celeste cambiar de colores, hasta que cae el Sol, y pinta los nevados Andes de rojo y amarillo.

María encuentra una cantuta, y brilla con los últimos rayos del Sol. Se le ilumina la carita y arranca unas flores para llevar a su mamá.

- T'ikaaaa, Tuuuutaaaa, Intiiii, Tambooooo...

Ya es hora de regresar a casa, y la siguen sus llamas por el sendero. Parece que van mascando coca. Parece que van sonriendo. 

En casa la espera su mamitay, que le preparó una sopita. Afuera está su tata, que acaba de regresar de cosechar papas todo el día. La reciben con sus sonrisas blancas y María corre a abrazarlos a ambos.


Inspirado en este cuadro de mi abuelo, Hugo Aguirre Macuaga.




sábado, enero 29, 2022

El placer de lo simple


 A simple vista es un parque abandonado. Una hamaca cuelga del tronco roto, partido a la mitad. El césped está seco como la época del año. Sólo sirve el sube y baja.

- Suuuube y baja, baja y suuuube. Suuuube y baja, baja y suuuube - le canto a mi bebé mientras sube y baja, sentado en cuclillas, sonriendo con su hermoso camanance.

- ¿Vamos al tobogán, Leo?

Camina despacito con sus pies descalzos. Lo subo al tobogán y se deja caer hasta que le doy un empujoncito. Al bajar, busca subirse por la red de mecate, que hace años dejó de existir. 

Le llamo la atención la hamaca debajo del tobogán. Esa que puso su abuelo hace tantos años ya, para mecer a Ámbar. Está rota y desteñida. A Leo no le importa. Lo mezo tantas veces que pierdo la noción del tiempo viendo sus ojos brillar a través de sus largas pestañas.

- Es una hamaca para bebés. Era de tu hermanita Ámbar. Leo es un bebé. 

- Leo es un bebé, repite con su dulce voz.

Leo todavía es un bebé. Mi bebé. El mismo que permite que sonría mi alma, que el Sol me abrace y que me despierte la capacidad de asombro.

viernes, enero 21, 2022

Mi cuerpo habitado


Foto: Sergio Cantillo Malavassi

Mi cuerpo está habitado.

Lo habitan los sueños nocturnos de mis hijos, 

la leche que sale de mis pezones,

las caricias del hombre que amo.


Mi cuerpo está habitado.

Lo habita una bailarina dormida,

una niña que soñaba con ser escritora,

una mujer que murió y nació una y otra vez.


Mi cuerpo está habitado.

Lo habitan historias de amantes de mil y una noches,

arena, Mar y Sol,

y noches de bailar hasta el amanecer.


Mi cuerpo está habitado.

Lo habitan asanas, 

aceites esenciales,

lágrimas y cosquillas.


Mi cuerpo está habitado.

Lo habitan cicatrices,

chocolates, muchos chocolates,

vino tinto y cantonés.


Mi cuerpo está habitado,

por un espíritu color índigo,

intrépido e irreverente,

soñador y emocional.


Costa Rica está rota

  En el Día Nacional de la Poesía Costa Rica está rota, yo estoy "hipomaníaca", mi hija está internada, y a mi hijo le cortan las ...