sábado, agosto 11, 2018

Las sirenas tenemos derecho a viajar solas


Conchal, 2003

Como Mar, o Sirena (su nombre artístico), yo también tuve 25 años. Justo a esa edad me fui a vivir a Conchal, tras no tener éxito en la búsqueda de trabajo como productora audiovisual egresada de la UCR. Trabajé como niñera en el Kids Club de Paradisus Playa Conchal, y posteriormente en Recepción.

Cuando tenía un día libre, me iba a explorar Guanacaste. No tenía medio de transporte, ni siquiera una bicicleta, así que pedía ride, pasara lo que pasara: moto, cuadra, carro, bus, camión o tráiler. Nunca me pasó nada que pusiera en riesgo mi seguridad, aunque les parezca riesgoso. 

Una vez traté de llegar a Rincón de la Vieja, sin mucha noción de la distancia. Nunca llegué hasta allá, pero descubrí un río donde andar en kayak y la pasé súper. Otra vez me quedé dormida en Playa Negra, y sí me asusté porque la marea creció y no tenía forma de cruzar a la otra playa, y los dueños de las lanchas estaban reposando. Por suerte un muchacho y su novia venían en lancha del parque, y así pude cruzar a Tama.

Cuando vivía en el hotel, en las habitaciones de empleados, a veces me despertaba a las 3:00 de la mañana, y me iba caminando por la calle de Brasilito, hasta llegar a la playa, a veces. Sí, sola. Nunca me pasó nada. Sí había mucha droga, y detestaba ese olor a hule quemado en el ambiente, pero yo pasaba de largo. Me gustaba cantar y caminar de madrugada. Una vez, con un grupo de amigos, dormimos sobre sábanas y nos quedamos a ver el amanecer, en la playa.

Me encantaba irme de fiesta con mis compañeros y compañeras de trabajo a Tamarindo. A veces tomábamos una buseta entre todos, o un taxi. Regresábamos al amanecer, para empezar a trabajar como si no hubiéramos trasnochado. Nunca me pasó nada que me hiciera sentir que corría peligro.

Lo más peligroso de ese tiempo en la playa, fue enamorarme de un pendejo, y no cuidar mi corazón. Arriesgué más que eso. Aprendí a cuidarme. Y eso me tomó años aprenderlo. 

Sí fui etiquetada y juzgada. Ni la cuarta parte de los chismes que se contaban de mi eran ciertos. Todo por ser una mujer libre. Desde puta hasta bruja. Y bruja sí soy, pero nunca he utilizado lo que sé para hacer daño a nadie. 

Han pasado 15 años desde entonces, y aún hay personas que piensan que una muchacha no debe viajar sola, o caminar sola por la playa, menos de noche. Es 2018, y una muchacha extranjera fue asesinada en una de nuestras hermosas playas. Una muchacha con sueños, con un presente y con un futuro coartado por la violencia machista. Por pensar que los cuerpos de las mujeres son de quien los toma y los ultraja. Lo siento, perdóname, gracias, te amo, Mar. Tu sacrificio fue muy grande. Ojalá que las conciencias despierten, y que las nuevas generaciones de hombres y mujeres, sean criadas con Amor y Respeto.

A sembrar Amor y Fortaleza. A enseñar a las mujeres a desarrollar su intuición y defensa personal. A enseñar a los hombres a respetar, valorar y Amar.
Por favor no alimentemos el miedo. El miedo es lo contrario al Amor. Y, si sentimos miedo, que sea el impulso para prevenir más muertes, organizándonos y protegiéndonos.

lunes, agosto 06, 2018

El pescador y la sirena

Nos encontramos dos veces en un sueño lúcido, y desde entonces el deseo habitaba nuestras miradas. El segundo, fue más cotidiano, como si estar juntos fuera lo habitual.

Te conocí mientras me despedía de Nosara, con tu amigo de siempre. Me presenté naturalmente, y luego te seguí la pista: entonces fui yo la que lanzaba la caña de pescar. Pero las sirenas, no necesitamos una caña. Cuentan las malas lenguas, que ahogamos a los marineros. Siempre he creído que ese rumor es muy malintencionado. Tenemos facilidad para enamorarnos de los marineros, sí. También de los piratas, y de los pescadores, como vos. Antes de que atracaras al puerto de mis ojos, te leí, te escribí, enviándote notas en botellas, y canciones de Monsieur Periné. Me encantaría verte en el teatro, te dije esa primera vez, y pasaron meses hasta que pudo ser. Parece que los tiempos no se nos dan. Si pudiera hacerte un regalo, sería un reloj, sincronizado con el mío, para que nos encontremos más a menudo. "Todo tiene su tiempo", me diría mi gurú, uno muy sabio que vive en el fondo del Mar. Sin duda tiene razón, me encantaría llegar a tener al menos un poco de su sabiduría, y por eso me gusta escucharlo...

Pero volvamos a esa noche, en la que disfruté tanto tu sonrisa a la salida del teatro y vos mi invitación a bailar. Sentirte tan cerca, en cada paso de baile, adivinando tus movimientos cuando sentiría tu piel desnuda sobre la mía, me hizo volar la imaginación. Desafiaste mis propios límites, si me preguntás qué es lo que más me gustó. Fuiste tan suave al principio como fuerte después. Me aferré a tus brazos y supe del placer que era capaz de sentir. Al amanecer dibujé con las yemas de mis dedos, los mapas de manchas que habitan tu piel, e hice caminos entre tus mechones de cabello. Te conté que soy una bruja blanca, y me pediste que te contara más... Para entonces, la luz del Sol ya iluminaba mi casa.

Un día, mientras meditaba pensándote, te encontré bajo la lluvia. Te gustó el color naranja que sobresalía en mi vestido azul. Otra vez tu sonrisa, y días después, otra noche de encontrarnos a besos. Despedirnos porque viajarías al otro lado del Mar, para vernos 12 lunas después. Ni siquiera tanto desencuentro me hizo olvidarte.

Poco después de tu partida, me sumergí en un océano muy oscuro, del que me costó salir a la superficie. No, no por vos. Necesitaba entrelazar las redes de mis propias heridas.

Nunca imaginé encontrarme con vos en la misma escena. Siempre he creído profundamente en hacer lo que me gusta, y veo que pensamos igual. Al terminar nos acercamos, y bailamos de nuevo, en otra pista. Y nos ocultamos en medio del canto de los grillos, y el frío de la madrugada, para hacer el amor. - Lo que más disfruté fue el abrazo, te dije al despedirme, mientras recordaba cómo acariciabas mi espalda, cuando descansaba sobre tu pecho.

Nos falta bailar un bolero, bien pero bien cerquita, porque la Vida vale lo que el cuerpo, calienta, cantaría Guadalupe . Brindo porque esta vez sea frente al Mar.



Costa Rica está rota

  En el Día Nacional de la Poesía Costa Rica está rota, yo estoy "hipomaníaca", mi hija está internada, y a mi hijo le cortan las ...